
Leslie Arliss logró otro de sus éxitos un par de años más tarde, cuando rodó La mujer bandido. El guion, igual que en Perfidia, era del propio director, aunque esta vez adaptaba la novela de otra escritora: “Life and Death of the Wicked Lady Skelton” de Magdalen King-Hall.
Ni que decir tiene que la “malvada” Lady Skelton era Margaret Lockwood. La cinta de Arliss era ––para qué cambiar–– otro lujoso melodrama de época, con una estructura muy similar a la anterior. Quizás más en tono de aventuras que Perfidia, pero sin abandonar el consabido romance algo perverso entre la estrella y, de nuevo, un espléndido James Mason.
No obstante, todo el foco de atención del filme se centra en la Lockwood y en su particular caída a los infiernos. La ambición de la actriz ––de una belleza con un punto de morbo, que siempre me pareció muy similar a la de Joan Bennett–– es la misma de siempre: aspira a robarle el marido a la inocente de turno.
Con respecto a James Mason, ahora encarna a un bandido romántico que no quiere hacer daño a nadie, pero que tiene la mala suerte de encontrarse con Margaret Lockwood. Aburrida de su sosa vida matrimonial, la infame arpía no duda en formar parte de la banda de ladrones, dispuesta a obtener nuevas experiencias robando al lado de su nuevo amante.
El cuarto en discordia es Michael Rennie, unos años antes de convertirse en el alien de Ultimátum a la Tierra (su papel ideal: siempre nos ha parecido su interpretación tan rígida como la de un robot). El nuevo galán, que por desgracia hace que echemos en falta a Stewart Granger, ofrece la variante de enamorarse de la mujer equivocada. El resto es todo muy parecido a lo visto en Perfidia. Con mucha más acción, eso sí.





