La película del director Stéphane Brizé es un retrato de época tal como corresponde a la adaptación de la ópera prima de Guy de Maupassant. Pero, sobre todo, es la constatación de las dificultades por las que la mujer de cualquier estamento social (¡ojo! no sólo las de clase baja) debía pasar en aquellos años debido a los convencionalismos, a las tradiciones, a la religión y al machismo imperante.
La película se narra bajo el punto de vista de Jeanne (Judith Jemla) y arranca en el momento en el que la joven de familia acaudalada sale del convento, donde se le enseña todo menos a transitar por la vida. Un matrimonio de conveniencia y una noche de bodas traumática no es nada más que el principio. Desengaños, infidelidades, traiciones, enfermedades y todo tipo de calamidades se aguantan peor desde el lado de la sufridora que desde la postura del que se va de cacería o del hijo que vive a costa de la madre.
Si a eso se le une un reverendo que en vez de solucionar un problema lo que consigue, en nombre de Dios, es provocar el desastre, pues el dramón está servido. Lo que podría ser un melodrama estilo Orgullo y prejuicio se torna en tragedia cuando se le despoja de todo el glamour y se observa lo que se esconde detrás de una historia de amor y lujo. Así, la luminosidad de las lámparas de los bailes de salón se convierte en la luz mortecina de las velas de los largos días invernales; y los románticos duelos se transforman en asesinatos a sangre fría.
El director aborda la trama de forma lineal, pero episódica; digamos, y salvando las distancias, como haría Tarkovsky pero con estructura clásica. Con el maestro ruso coincide en los insertos a base de flashback de recuerdos felices, y con el ropaje telúrico de una película que transcurre en la campiña normanda. Las estaciones del año son utilizadas por el realizador de Une vie como compartimentos estancos donde guardar las secuencias del filme: la primavera y el verano coinciden con los instantes de felicidad; mientras que el otoño y el invierno sacuden el cuerpo y el alma de la protagonista que ve como su vida se deshace, al tiempo que el sonido del crepitar del fuego de una chimenea que ya no calienta se convierte a veces en la única banda sonora de la película.






