Interesante la jornada de ayer en el festival de cine de Sevilla, con dos películas escandinavas a competición en la sección Oficial que nos confiesan que la sociedad nórdica no es tan modélica como parece.
La primera, Call Girl, del sueco Mikael Marcimain, denuncia un caso real de prostitución a gran escala ocurrido en los setenta. Acompañada de una banda sonora que nos trae muchos recuerdos, la cinta está muy bien ambientada e interpretada (con especial mención a Pernilla August que ya estuvo aquí el año pasado, pero en calidad de directora de la atractiva Beyond), pero se hace excesivamente larga para contar algo que nos suena mucho: la corrupción política, la vista gorda de las autoridades y el terrorismo de estado cuyos dirigentes no dudan en eliminar a su propia gente con tal de no verse salpicados.
Lo mejor de la cinta es la dualidad en el punto de vista, el de una menor que se ve envuelta en el negocio de la carne y el del policía que investiga el caso; y el encuentro de ambos con un final desesperanzador.







