Una película de Miyazaki es como sumergirte en un mar de calma, ternura, inocencia, sueños y simpatía. Con Ponyo la experiencia no es menos pacífica, relajante y entretenida.
Sasuke es un niño que encuentra a Ponyo en un frasco de cristal. El niño y el pequeño pez comparten una amistad que va creciendo por momentos, como el cuerpo de Ponyo según se va convirtiendo en humana. La historia demuestra de manera fantástica como estos dos infantes pueden aguantar la respiración el mayor tiempo que haga falta, lanzarse a la aventura o vivir situaciones apasionantes con tal de permanecer juntos.
Es un gusto ver, oír y a veces casi sentir tanto con una película que no recurre al 3D para acercarse a la realidad e impresionar al mismo tiempo. Los sonidos, las texturas, los efectos que producen las leyes físicas cuando algo se cae, se mueve o choca con otro objeto, se reparten por los 100 minutos de maravillosos fotogramas.
