
Me extraño a mí mismo hablando de las actrices en los preámbulos. Será porque no es otra cosa THE WOMEN que un panegírico hacia la mujer, connotado el término en su peor acepción. Hace poco esquivé el visionado de SEXO EN NUEVA YORK (Michael Patrick King, 2008) como si la frivolidad fuera un cáncer y fuera a exponerme a él. Sigue aquí la estela, mismas diatribas, mismas sandeces. Podría cumplir penitencia la debutante Diane English si su feminismo rancio y desfasado dejara entrever mínimos destellos de insolencia, auténticas ganas de transgredir.
Gozo iluso. Su bautizo en la industria brota desde las entrañas mismas de la estupidez, los lugares comunes como timones de proa en otro cántico a la banalidad. El bueno de Cukor mejor reposará sin intuir la poca enjundia que un remake de su obra ofrece en pleno siglo de liberaciones vaginales y demás. O es que tal vez el propio sector femenino aspira a ser lo que estas historias reflejan. Quién puede saber. Película terrorífica como pocas ésta que aterriza en cartelera con su glamour embotellado, haciendo gala de uno de los asuntos de guión más epidérmicos e intrascendentes del año. Igual que aquel cuarteto de cotorras insatisfechas, estas amigas luchan por su independencia, se pretenden liberales, autosuficientes, auténticas. El problema es lo que late bajo esa careta de arrogancia, su querencia del macho como siempre fue, su necesidad
Percibo bajo el tibio empaque visual de English un convencional recetario de lealtades con perfume exquisito, taconazo blandito por superficies de infidelidad conyugal, incomunicación, retos profesionales, idas y venidas por la gran manzana del éxito y el fracaso. Es más, asoma en su estirado metraje toda una tesis sobre decepciones varias, sobre la mentira y sus efectos, todo ello regado con vino de reserva y espíritu de gossip magazine, las revistas de peluquería de diseño. Con la figura masculina minando los chascarrillos del rebaño de hembras, se atisba la felicidad a golpes de bisturí, otras pariendo como conejas, tal vez afrontando la adolescencia anoréxica de una hija. No es gratuito lo del falso progresismo, ni el más suculento atraco a Tiffany´s puede comprar el placer de ser madre, esposa e hija. Supongo que los tiempos no han cambiado tanto.
Verdad es que no pretende la función mucho más que lo que aporta. Podría retenerse en la memoria una potente Eva Mendes, genial en su rol de chica florero, en contraste con la fugaz y demoledora Bette Midler, la más divertida consejera.
Estelares presencias como Carrie Fisher y Candice Bergen -la Murphy Brown que produjo English- otorgan mayor caché al embrollo sentimental, manipulado con mano astuta por los ágiles contornos de la comedieta generacional exenta de aristas. A quien convenza su postizo homenaje a todo un género -ya sea el mujeril o el cinematográfico- será que la vida le trata muy bien. Tanto que se conforma con el encanto facilón del arquetipo. La seducción de un desayuno con diamantes aún puede aturdir la mirada.
Lo mejor: Annette Bening y la escena con Bette Midler
Lo peor: El rancio acomodo en mil y un clichés sentimentales. Que alguien se la tome en serio.
