La historia relata el éxito de Daniel Plainview, que pasa de ser un minero extremadamente pobre que cría a su hijo sin ninguna ayuda a convertirse en un magnate del petróleo hecho a sí mismo. Gracias a un misterioso soplo, Plainview descubre la existencia de un mar de petróleo bajo la tierra de un pequeño pueblo de California, y se lleva a su hijo, H.W., a probar suerte. Y es este pueblo perdido, en el que la única diversión gira en torno a la Iglesia Pentecostalista del carismático pastor Eli Sunday, donde Plainview y H.W. van a dar el golpe de sus vidas. Basada en la novela de Upton Sinclair "Petróleo", escrita en 1927.
Con reminiscencias a clásicos del cine como Gigante o Ciudadano Kane, la magnánima obra cinematográfica de PTA se enmarca en el turbulento período de los buscadores de petroleo en la geografía americana. El viaje del protagonista desde la más absoluta miseria hasta la opulencia más insultante esboza un arco de progresión que refleja no sólo el propio estado, sino radiografía de toda una sociedad, de todo un país que lucha internamente por reasignarse y encontrar el equilibrio entre empleador y empleado para un futuro próspero.
Curiosa resulta la idea de que nuestro protagonista comience y culmine la historia en el mismo estado, aunque en diferentes circunstancias. Si en un principio es un solitario minero que se dedica a barrenar por sí solo posibles yacimientos petrolíferos. Cercanos al final descubrimos que el magnate, a pesar de haber dado un giro a su vida y su properidad, sigue completamente solo, nada ha cambiado, ha estado viviendo una vida falsa, en la que ni su hijo es suyo, ni su fe es suya, ni nada de lo que posee podrá sacarlo de su amargura.
Libremente adaptada por el propio Thomas Anderson a partir de la novela Petróleo de Upton Sinclair, este clásico instantáneo del cine ofrece una de las mejores (para mí la mejor, sin duda) interpretaciones del año, la de Daniel Day-Lewis como el magnate petrolero Daniel Plainview, que, en un tour de force que no lo es tanto (ya que su compañero de interpetaciones no está a la altura) se enfrenta a Eli Sunday, el predicador de la Iglesia de la Tercera Revelación interpretado por Paul Dano (visto en Pequeña Miss Sunshine).
Fotografiada con pericia por Robert Elswit, director de fotografía habitual de PTA y de otras películas como Michael Clayton o Shine a Light, el nuevo documental de Scorsese sobre los Rolling Stones, el metraje ofrece estampas de sucia belleza elaboradas a base de rojo fuego y negro petróleo que reflejan la penuria, la precariedad y el esfuerzo de una zona, un pueblo y un tiempo. Del mismo modo, la banda sonora, compuesta por Jonny Greenwood, guitarrista de Radiohead, aunque más contemporánea a nosotros que a la historia, cumple de manera sorprendente su función de acompañamiento y ritmo.
Cine clásico que surge a borbotones, como un buen pozo de petróleo, en nuestras salas y que supone un soplo de aire fresco, con reminiscencias muy clásicas, ante tanto producto de usar y tirar. Sin duda, una película para perdurar.
