Talk to me posee algo incluso más interesante que su costado político, y es la construcción, desde el guión y hasta el vestuario, del personaje de Dewey Hughes, un personaje con muchas más aristas que el de Petey Greene.

★★★★☆ Muy Buena

Talk to me

Talk to me posee esa bella particularidad propia de ciertos biopics, que consiste en maquillar la escena de modo tal que parezca más un documental que una ficción. En el film Ray, por ejemplo, asustaba la imitación que Jamie Foxx hacía de Ray Charles. El nombre de Petey Greene no es muy conocido fuera de Estados Unidos, y de él conocemos su rostro por fotografías. Echando un vistazo a esas imágenes, podemos apreciar que aquí se ve al menos un intento de imitación a través del peinado afro y los bigotes propios de los setenta. Sin embargo, el “maquillaje” resulta más atrapante cuando se logra una convivencia entre puesta en escena y documento. En la excelente Buenas noches, buena suerte, resultaba sorprendente el efecto que producía la ficción compartiendo pantalla con el material de archivo televisivo del senador Joseph Mc Carthy, estableciendo una suerte de duelo entre ambos registros, gracias a la vívida reproducción que se hacía de la imagen televisiva de los cincuenta en la película de George Clooney. Aquí ocurre lo mismo, especialmente en la secuencia en la que Petey Greene aparece en el programa The Tonight Show. A Johnny Carson, el popular presentador televisivo americano, solo lo vemos realmente a través de los televisores del estudio, generando esa misma sensación de veracidad. Fuera de todo esto, que más allá de sus méritos no deja de ser apenas el maquillaje, se encuentra una historia cargada de clichés naturales en esta clase de producciones, y de algunos ribetes políticos que ayudan a comprender el devenir de los personajes (quizás esta sea la razón por la que Don Cheadle, tan acostumbrado a poner la cara en producciones de corte político, haya aceptado caracterizar a Petey Greene). Talk to me posee algo incluso más interesante que su costado político, y es la construcción, desde el guión y hasta el vestuario, del personaje de Dewey Hughes, un personaje con muchas más aristas que el de Petey Greene.

 En algún momento, Dewey cuenta que él aprendió todo viendo el programa de Johnny Carson, viéndolo a él aprendió cómo caminar y cómo vestirse. Sin embargo, cuando dice esto, han pasado décadas en la película, y si antes lo veíamos luciendo como un Johnny Carson, en ese momento se lo ve totalmente mimetizado con Petey, tanto en su peinado, su bigote, su vestuario, y su forma de hablar y caminar. Entre esos dos modelos diametralmente opuestos, oscila la mimética personalidad de Dewey, quien vanamente intenta por todos los medios hacer que Petey viva sus propios sueños truncos. El guión, si bien no hace bien en explicitar en diálogos estas situaciones, se ve enriquecido por la interpretación de Chiwetel Ejiofor, quien ha entendido a la perfección su personaje, aportándole los mejores matices a un biopic sencillo, correctamente realizado, y por momentos muy gracioso.

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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