No deja de ser un precioso ejercicio musical y visual para conocer a este grupo y el precioso país del que viene.

★★★☆☆ Buena

Heima

Nunca había escuchado ningún tema de Sigur Rós, pero su nombre si me sonaba. Cuando me enteré de la existencia de un documental sobre ellos me armé de valor y le di al play.

La presentación no puede ser más apetecible y comienza con un gran tema, anticipando una música experimental, delicada, brillante y vibrante que, efectivamente, acabó gustándome. 

El motivo del documental es retratar cómo el grupo islandés decide tocar gratis en varios lugares de su país, llevando su música a todas partes y sintiéndose en casa haciendo lo que les gusta. Algo tan sencillo como intentar ser profeta en tu tierra es algo que no hace demasiado artista y que además de satisfacer a quien lo hace, honra a quien le escucha.

Salvando las distancias, me recordó a esos conciertos que realizó Johnny Cash en las cárceles de San Quintín y Folsom, intentando sentirse auténtico y dedicándose a una audiencia que era realmente la suya, la que él sentía como propia. Sigur Rós parece pensar y sentir lo mismo, por eso les vemos tocando en una fábrica de pescado abandonada, en un embalse hecho por la industria del aluminio y en una gran cabaña con familias enteras pasando la tarde.

Tan noble leit-motiv peca en algunas ocasiones de prepotente, y la presencia del grupo a veces da la impresión de ser lo único importante que hay en Islandia, pero no deja de ser un precioso ejercicio musical y visual para conocer a este grupo y el precioso país del que viene. 

publicado por Israel 'Yojimbo' Nava el 11 abril, 2008

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