Por fin el cine ganó a la industria. Por fin las ideas creativas ganaron al dinero. Intimista obra maestra con un lenguaje fílmico no apto para el gran público. Es una cinta de detalles hecha para ver y sentir el cine.

★★★★★ Excelente

La soledad

Boquiabierto y maravillado estaba ya a los 20 minutos de ponerme a ver esta genuina obra de mi tocayo Jaime Rosales. Y es que creo que es la primera película que veo en la que no existen movimientos de cámara. En los 125 minutos de metraje que tiene La soledad, el plano permanece inalterable, sin ningún tipo de movimiento o leve travelling. El movimiento de cámara es nulo, pues está rodada de forma estática y toda la acción se desarrolla con infinidad de planos fijos.

La soledad utiliza un lenguaje muy concreto, basado en la transmisión de emociones y sentimientos de forma codificada, utilizando el pasado como referente y no como mera copia, como se hace actualmente. Es apabullante la calidad fílmica que rebosa está cinta de Jaime Rosales. Desde luego no es una obra apta para todo tipo de público ni mucho menos; de hecho la gran masa de público la rechazará al poco tiempo de estar viéndola.

Es una película para sentir y para ver; más que ver, para observar detenidamente y captar la esencia del director, pues es una cinta de detalles. Es un cine al que no estamos acostumbrados, por lo menos un servidor, y que rompe todos los esquemas del lenguaje fílmico y clímax narrativo. Utilizando el ya archiconocido por todos concepto de polivisión, el realizador sella una intimista obra llena de una labor técnica impecable.

Y es que Jaime Rosales es un tipo corriente y buena muestra de ello lo demostró recogiendo el premio de Mejor director en la última gala de los premios Goya. Rosales defiende un tipo de cine muy concreto del que se considera un mero artista independiente, huyendo de millonarios presupuestos, estrenos multitudinarios en la Gran Vía de Madrid y de caras famosas.

Gracias a él, muchos director se reinvidicarán a la industria, productores y distribuidores, trabajando activamente al margen del sistema y buscando sus objetivos cinematográficos. El cine tan personal de Jaime Rosales nos debería cambia nuestra forma de ver el cine, de entenderlo, de amarlo y de sentirlo. Orgullosos tendríamos que estar de tener en nuestras filas un director como él, reivindicativo y con un gran talento. No puedo evitar sacar paralelismos con el mismísimo Michael Haneke, Lars Von Trier o David Lynch. Todos ellos son rompedores en la época en la que hacen cine y generalmente nulamente aceptados por el borreguismo de este país. Y es que el tedio y la rutina que pueda generar La soledad es algo muy difícil de digerir para el espectador medio o gran público, excesivamente adoctrinado en las pautas de introducción-nudo-desenlace y que rechaza cualquier cosa que rompa estos esquemas; sus esquemas.

La soledad destaca principalmente por tres cosas: la apabullante hiperrealidad que refleja, la grandiosa actuación de todo el reparto y el concepto de polivisión. Pero vayamos por partes. Hablar de realidad en el cine de hoy en día es muy difícil, pues estamos acostumbrados a un tipo de cine muy concreto, efectista y engañoso. Pero en La soledad asistiremos y compartiremos la vida de dos mujeres, dos mujeres de barrio, con sus respectivas familias y problemas. Más que realidad, podríamos hablar de situaciones cotidianas, conversaciones banales y la vida del día a día. Estamos hablando de un costumbrismo hiperrealista capaz de narrar con interés unas existencias tan corrientes como las de cualquiera de nosotros.

Del reparto de La soledad sobran las palabras. Destacar la excelente labor de casting y dirección de actores que se ha llevado a cabo en La soledad. Tanto Sonia Almarcha como Petra Martínez bordan sus difíciles y complejos papeles, regalándonos ambas unas de las mejores interpretaciones de 2007 (con permiso de mi querido Alberto San Juan en Bajo las estrellas). Lo que no termino de entender muy bien es el premio de Mejor actor revelación para José Luis Torrijo en la última edición de los premios Goya. Confirmo que desde luego resuelve notablemente su trabajo en la cinta de Rosales, pero me parece insuficiente el papel que desempeña en dicha cinta para recibir el galardón, llegando a cubrir apenas una hoja de guión.

Por último me gustaría hablar un poco del concepto de la famosa polivisión de Rosales. Personalmente, es la primera vez que observo este recurso en el mundo del celuloide, y me parece todo un acierto el haberlo utilizado en esta obra. La polivisión es una llamativa división de la pantalla que muestra dos puntos distintos de cada escena de forma simultánea. A veces se trata de dos ángulos sobre un mismo espacio (por ejemplo la cocina de una casa vista desde dos posiciones distintas). Otras, una visión simultánea sobre dos fragmentos de un espacio escénico más amplio (por ejemplo, el comedor y el salón de un apartamento sobre el que los personajes vienen y van). Con esta técnica, el realizador consigue introducir al espectador plenamente consciente en la intimidad de los personajes, sensación aún más acentuada cuando el espectáculo que ofrece es visualmente tan parecido a la vida real. Este mecanismo de hiperrealidad se incrementa aún más si cabe con la ausencia de banda sonora, siendo los únicos efectos sonoros que escucharemos el tráfico de Madrid, la lluvia, las voces de la calle o los pájaros del parque.

En definitiva, La soledad sobresale con la nota de obra maestra frente a la media de productos nacionales que se hacen hoy por hoy en España. En un futuro no muy lejano, Jaime Rosales se convertirá en todo un referente del cine europeo a poco que consiga realizar otra obra como su último trabajo. La soledad habla de muchas cosas, pero sobretodo habla de realidad con emoción y mucha inteligencia. Y por fin esta inteligencia fue premiada en la gala de los premios Goya. Por fin el cine ganó a la industria. Por fin las ideas creativas ganaron al dinero. La Academia cinematográfica eligió como ganadora un tipo de cine distinto, una alternativa a la imitación, a lo repetitivo y a la no reflexión. Me gusta estar del lado de La soledad, de los que amamos el cine y su concepción y en contra de la gran mayoría, pues una vez más La soledad demuestra que la mayoría, en general, siempre se equivoca.

Lo mejor: El reparto, las actuaciones, las situaciones, la inteligencia con la que habla, el lenguaje fílmico que utiliza, la polivisión y su pantalla partida.
Lo peor: Su quizá excesiva duración y la lentitud en alguna de sus partes
publicado por Jaime Martínez el 10 abril, 2008

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