Comedia que consigue hacer reir (misión cumplida) con treinta minutos de preparación, treinta minutos de disparate y treinta minutos más para resolver.

★★★☆☆ Buena

Un funeral de muerte

Buenos días, soy el puto jefe Dreyfus, hoy es viernes, empieza el fin de semana y tengo ganas de fiesta y de beberme un bar entero si hace falta. Pero antes, criticando (que es gerundio) una comedia de esas hechas a la vieja usanza: Un funeral de muerte, de Frank Oz… ¡Empezamos! Joder, ¡si es que el título ya viene dando pistas! El hijo de un fiambre le organiza un funeral a su difunto padre invitando a familiares, amigos y allegados en la mansión familiar. La velada, que en principio debería transcurrir tranquila se verá “agitada” con un elenco de invitados un tanto peculiares contando al hermano pródigo, a un abuelo cascarrabias, a uno empeñado en recuperar a su ex, a uno ciego de pastillas y a un enano que guarda una sorpresa. Los ingredientes están sobre la mesa, se mezclan bien, se cocina a fuego lento y tachán: risa asegurada. 

Cuan maltratado ha estado siempre el género de la comedia (por no decir subestimado) y más todavía en los difíciles tiempos que nos tocan vivir, donde parece que apenas se pueden distinguir entre tres tipos de comedias: 1. Las familiares (fácilmente reconocibles porque alguno de los personajes se tira pedos y los niños, siempre hay niños en estas pelis, se rien como locos); 2. Adolescentes (fácilmente reconocibles porque alguno de los protagonistas acabará eyaculando sobre algún personaje secundario provocando las carcajadas de sus amigotes y de alguna chica ligera de ropa, siempre hay chicas ligeras de ropa en estas pelis); 3. Románticas (fácilmente reconocibles porque alguno de los personajes es Julia Roberts o alguno de sus sucedáneos habituales y se enamora perdidamente mientras algún personaje gay, siempre hay personajes gays en estas pelis, la apoya). Repasaba yo la filmografía de Frank Oz para esta crítica y me ha sorprendido la cantidad de títulos suyos que había visto, más de los que recordaba: Cristal oscuro (co-dirigida), La tienda de los horrores, Un par de seductores (que volví a ver hace poco y me sorprendió gratamente, mucho mejor de lo que recordaba), ¿Qué pasa con Bob?, Esposa por sorpresa, In & Out o Bowfinger. Ante esta retahíla de nombres parece que quedan un par de cosas bien claras: que a este hombre le gusta más hacer comedias que a un tonto un lápiz y que siente una clara predilección hacia Steve Martin.  Una cosa está clara, hacer reir debe ser mucho más complicado de lo que parece y esta película, muy británica ella, lo consigue con creces.

La cosa ya empieza con unos títulos de crédito ocurrentes, con un gag inicial y poco a poco empiezan a llegar los invitados y a asentarse la trama (que básicamente consiste en irnos preparando para los gags posteriores y situaciones hilarantes que se nos vienen encima) todo como muy a medio gas, sin prisas. Pero la cosa se va liando, se va liando y es justamente aquí donde la peli da lo mejor de si, cuando las situaciones, terribles y cómicas, se desmadran y siempre parecen capaces de dar un paso más hacia la exageración, para terminar con una apañado desenlace final. Puestos a criticar, y buscar los tres pies al gato, lamentar algún gag escatológico que parece estar bastante fuera de lugar con el tono general de la película o el hecho de que algunas de las bromas ya te las veas venir a la legua y te pongas a pensar: esto ya me veo yo como va a acabar. Resumiendo: Comedia que consigue hacer reir (misión cumplida) con treinta minutos de preparación, treinta minutos de disparate y treinta minutos más para resolver.

Lo mejor: Las situaciones al límite.
Lo peor: Algunos gags ya te los ves venir a la legua.
publicado por Jefe Dreyfus el 7 marzo, 2008

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