El director propone al espectador vivir la vida de Rubén. Estar presentes en sus tiempos de espera, en sus silencios. Ser testigos de un proceso que despierta en su interior: del silencio al ruido de las olas.

★★★☆☆ Buena

El custodio

Julio Chávez es, a día de hoy, el mejor actor argentino. Sus últimos protagónicos le han encumbrado a ese puesto. Recibió con su última interpretación en EL OTRO el Oso de Berlín como Mejor Actor. Antes películas como UN OSO ROJO, EL EXTRAÑO y EL CUSTODIO. Todas ellas imprescindibles para cualquier entender el último (nuevo) cine argentino. Un cine lleno de silencios, de tiempos muertos, de espera. Insufrible para algunos, experiencia para otros. La fórmula se está repitiendo hasta la saciedad, posiblemente síntoma de crisis creativa, pero sigue funcionando en el mercado “festivalero” europeo, dónde recibe reconocimiento y prestigio. En cualquier caso, la participación de Chávez en alguna de esas películas es el valor diferencial. Interpretaciones de alto calibre, que copan el interés mayor de dichas producciones.

EL CUSTODIO de Rodrigo Moreno, producción de 2005 y ganadora del Premio Alfred Bauer en la Berlinale, y Mejor Guión en Sundance. Después de EL DESCANSO, una película con cierta repercusión internacional que le permite estrenarla en diferentes países.

La historia contada es la de Rubén (Chávez), el guardaespaldas de un ministro. La película narra la vida, el trabajo, del custodio. De una forma minuciosa, se traslada a la pantalla el trasiego de un lugar a otro y los silencios, sinónimo de la (tensa) espera de Rubén. La presión que acompaña su tarea…la de siempre estar presente en la vida de otro, como su sombra. El silencio de Rubén está lleno de soledad. Rubén no tiene a nadie que le acompañe. El silencio que acompaña a Rubén transmite la presión de saber que siempre tiene que estar presente, a espensas del otro. Viviendo la vida del otro. Invisible para el otro. El cumplimiento del deber es el principal objetivo en su vida, hasta que llega un día en que eso cambia, ahora lo único que le importa es conocer el mar…la libertad.

Más allá de los lentos movimientos de cámara, planos lejanos y carencia musical, Moreno propone al espectador vivir la vida de Rubén. Estar presentes en sus tiempos de espera, en sus silencios. El espectador como custodio de Rubén. Ser testigos de un proceso que despierta en su interior: del silencio al ruido de las olas.
publicado por José Antonio Bermúdez el 5 enero, 2008

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