Una ópera prima cercana, concreta e inteligente, así es el debut en la dirección de un actor que convive con la necesidad de contar historias que, desde la sencillez, atrapan incluso al espectador más elitista.

★★★★☆ Muy Buena

Líbero

Cuando se estrena una producción de nuestros vecinos, no sé ustedes, pero siempre pienso en todas las otras cintas que se han quedado en el camino, así que hasta cierto punto es comprensible que todas las películas de factura italiana que nos llegan presenten un notable nivel de calidad.

Este mosaico de sentimientos reconstruido por un pequeño avispado y entrañable entronca con una nueva forma de comunicar que se está dando como ligero contraataque al cine de consumo masivo: el actor Kim Rossi Stuart tiene las ideas claras y cuenta con los mecanismos precisos, además de la experiencia necesaria –curtirse a las órdenes de otros le ha servido-, para poner en pie un relato que articula elementos cotidianos, narrado desde la sencillez de planteamiento y sin las ínfulas de muchos que se creen que han nacido sabiendo.

Sólo es necesario huir de la pretensión y tratar al espectador como un igual, y no como un mero consumidor que olvida con rapidez, para entrar en el selecto club al que ya pertenecen los hermanos Ulloa, Sánchez-Arévalo y, desde luego, veteranos como Icíar Bollain, Manuel Poirier, Nanni Moretti y Gracia Querejeta -por reducirlo al arco mediterráneo-. Líbero es otro ejemplo de cómo hacer cine partiendo de una idea concisa para no perderse en subterfugios emocionales de los que cueste salir o recargar el metraje con adornos innecesarios.

Aquí importa la palabra bien dicha en el momento oportuno, la fuerza hipnótica de una mirada, el valor de un silencio… La película elude la lágrima rápida, el componente melancólico que suele edulcorar de manera innecesaria. Se agradece que el padre de la criatura no recurra a lo fácil y por otro lado juegue con nosotros colocándonos siempre en el filo, al borde del precipicio, con pequeñas pruebas y desafíos.

Volviendo a nuestra teoría sobre lo que llega o no a las pantallas comerciales, el problema no es que haya poca permeabilidad en nuestra industria de cara al cine italiano, sino que a los dueños del cotarro cada vez les interesa menos una historia cercana, sencilla y bien relatada. Por desgracia y, salvo excepciones, es algo inherente a todas las cinematografías del Viejo Continente.
Lo mejor: El punto de vista, inocente y arriesgado.
Lo peor: Tendría que pensarlo mucho.
publicado por Daniel Galindo el 30 septiembre, 2007

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