Wolf Creek es ficción, pero como experiencia en cine de terror es de lo más real que puedes encontrar.

★★★★☆ Muy Buena

Wolf Creek

No sé qué es más absurdo, si estrenar Wolf Creek dos años después de su estreno o hablar de ella cuando cualquier buen aficionado al género la debe haber visto ya, gracias a las nuevas tecnologías. Pero por si acaso andas perdido entre la nueva ola de “slashers” que inunda las pantallas y no sabes por cuál decidirte, la magnífica cinta del australiano Greg Mclean es de lo mejorcito que se ha hecho por el subgénero en mucho tiempo.

El punto de partida, sin embargo, no sorprende en absoluto: Kristy y Liz son dos jóvenes turistas inglesas en Australia que, acompañadas del lugareño Ben, viajan hasta Wolf Creek, un enorme cráter situado en el medio de ese desierto que es el 90% del país australiano. Lo que prometía ser un plácido viaje entre paisajes dignos del National Geographic deviene en una dramática lucha por la supervivencia, sin nadie que pueda ayudar a los aprendices de exploradores. Porque están solos en el desierto, ¿o no?

El gran mérito de McLean en Wolf Creek es construir una tremenda tensión alrededor de los protagonistas, utilizando los poquitos (pero potentes) medios de que dispone, a saber: unos protagonistas por encima de la media en cuanto a carisma e intensidad (mención especial a una conmovedora Cassandra Magrath); la imponente enormidad del desierto australiano, que desde el principio se nos presenta como un lugar tan bello como poco idóneo para escapar de quien quiere acabar contigo; y sobre todo, la eficacia y coherencia del guión, que juega la baza del realismo de forma mucho más solvente que cosas como Hostel o derivados. Y de paso, juega con el espectador “veterano” cambiando sutilmente los roles y los comportamientos de protagonistas y secundarios. Todo con un ritmo lento, pero que cala hondo y hace que te preocupes, de verdad, por el destino de los sufridos excursionistas. Greg Mclean filma con la precisión y la paciencia de un experto, y es su primer largo. Chapeau por él.

Otro de sus puntos distintivos es el mimo que se ha puesto en la factura técnica y en la ambientación, tanto a través de la imagen (cortesía del desconocido Will Gibson) como del sonido y, especialmente, una música que acompaña perfectamente los cambios en el guión (a cargo del más desconocido aún Frank Tetaz). Los decorados naturales acompañan, y están perfectamente ambientados para dar como resultado esa mezcla de paraje desolado y maravillosa trampa para incautos.

Por ponerle algún pero a la magnífica ópera prima de Mclean, un par de momentos están resueltos al viejo e insensato estilo de los “mataadolescentes” americanos, lo que le quita algo de seriedad a la propuesta; y la coletilla del “basado en hechos reales”, pues bueno, supongo que atraerá a alguien más, pero yo creo que no es necesaria. Wolf Creek es ficción, pero como experiencia en cine de terror es de lo más real que puedes encontrar.
Lo mejor: La atmósfera que Mclean construye alrededor de sus personajes, y su habilidad y conocimiento del género, que dan como resultado una tensión pocas veces vista en un slasher
Lo peor: El retraso en su estreno, y que su ritmo lento puede desesperar a los seguidores de la vertiente Saw del cine de terror. Y que me ha quitado las ganas de ir a Australia de vacaciones.
publicado por Plissken el 6 agosto, 2007

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