
Conocida en España por «Celda de castigo», la siguiente película de Cazals, El apando, se produjo el mismo año que Canoa y también se basaba en experiencias reales sucedidas en 1968 en México, aunque en este caso era la adaptación de la novela homónima escrita por José Revueltas.
El literato, conocido activista político, sufrió la represión ese mismo año de 1968 cuando fue arrestado e internado en la tristemente famosa cárcel de Lecumberri. Los dos años encerrado fueron los desencadenantes de una de las más célebres novelas mexicanas contemporáneas.
Con El apando, Cazals fue fiel al libro a la vez que continuaba con su particular cuadro de los horrores mexicanos. La denuncia de las condiciones extremas de la vida de los internos de Lecumberri se amplificaba con la repugnante catadura del trío de personajes protagonistas. La trama gira alrededor de los presos de una celda de castigo (en México denominada «el apando») que planean introducir droga en la prisión; uno de ellos de nuevo interpretado por el gran Salvador Sánchez.
Película, por tanto, de género carcelario, otra vez narrada mezclando el presente en la cárcel, con el pasado de los delincuentes cuando todavía no han sido detenidos. Dos de los presidiarios no soportan al tercero, pero tienen que aguantarse porque la madre ––en el colmo del feísmo y la crudeza–– es la anciana elegida para introducir la droga en el interior de su cuerpo.
Con secuencias tan impresionantes como la escena de la pelea final ––véase el curioso, efectivo y horrible método para reducir a los amotinados––, y con planos tan expresivos como los del preso sacando la cabeza de la celda, como si la tuviera cortada, El apando ha pasado con toda justicia a ser una de las mejores cintas del cine mexicano.





