Opinión · Nº 70464 · 01-05-2026
Crítica de

Mr. Turner

El realizador intenta algo maravillosamente imposible: reproducir con imágenes no lo que el pintor veía, sino lo que sentía, lo que luego plasmaría en su obra. Un propósito encomiable el de Leigh que nos deja algunos fotogramas para enmarcar (literalmente).

Aclaración: Mr. Turner compitió en el Festival de Cine Europeo de Sevilla del 2014, pero también se pudo ver en el certamen del 2015, en el ciclo dedicado al actor Timothy Spall. La reseña que viene a continuanción fue escrita en el 2014:

Ayer fue, sin duda, un día grande en el festival. Asistimos a la proyección de prensa de una película de qualité, la muy esperada cinta de Mike Leigh sobre la vida del pintor británico William Turner:

Decimos que fue una buena jornada porque el largometraje de Leigh (lo de “largo” es literal, quizás su única pega) nos dejó más que satisfechos debido al enfoque, académico sí (ambientación, vestuario, música, fotografía…, todo impecable), pero personal también, con el que el director se ha embarcado en un proyecto destinado a dejar huella en su obra. Una veintena de películas que parecen limitarse a Secretos y Mentiras, El secreto de Vera Drake, y el resto…, y a la que ahora habrá que añadir a Mr. Turner entre ellas, al lado de ellas; no hay dos sin tres.

Reconozco que lo primero que pensé al ver la cinta de Leigh fue en el Rembrandt (1936) de Alexander Korda. Y es que lo de cine “de calidad” acompañado del adjetivo biopic y rematado con el de “británico”, necesariamente nos lleva a aquellas producciones tan cuidadas de los hermanos Korda en la London Films. Con casi ochenta años de separación entre ambas películas, sorprenden tantas similitudes a la hora de darle un repaso al argumento: Korda y Leigh eligen sólo una parte de la vida de los dos pintores cuando los retratan ya famosos; cuando ponen el énfasis en las tragedias que supusieron la pérdida de la esposa de Rembrandt y el padre de Turner, respectivamente, y en la privacidad de sus relaciones amorosas con sus criadas, los dos, y con la doble vida que llevó Turner en Chelsea con la dueña del motel donde se alojaba. También destacan, ambos, cómo la pintura de los artistas cambió desde las muertes de sus seres queridos, y de qué manera llegaron a ser incomprendidos por sus colegas de entonces y por el público.

Por otro lado —y seguimos con las comparaciones—, en ambas producciones destacan la presencia de dos actores de la talla de Charles Laughton y de la valía (aún no reconocida, pero creemos que Mr. Turner es su película) de Timothy Spall. Ambos muy bien caracterizados y excelentes en sus actuaciones. Tanto es así, que nos atrevemos a decir que los gruñidos de Turner/Spall (y las risas del público al escucharlos) se recordarán mucho tiempo. Dicen que Spall gastó dos años de su tiempo en aprender a pintar para meterse dentro del papel de su vida. Una meticulosa preparación que ya empieza a dar sus frutos: el actor fetiche de Leigh viene con el premio de Cannes debajo del brazo. Muchas justificaciones tendrá que dar el jurado, aquí en Sevilla, para no concederle el mismo galardón.

Referencias cinéfilas aparte, insistimos que la cinta de Leigh es un proyecto personal cuando no se limita a narrar la vida del pintor, sino a presentar en pantalla la mirada del personaje. El realizador intenta algo maravillosamente imposible: reproducir con imágenes no lo que el pintor veía, sino lo que sentía, lo que luego plasmaría en su obra. Un propósito encomiable el de Leigh que nos deja algunos fotogramas para enmarcar (literalmente).

En esa labor, como decimos imposible, Leigh también se ocupa de los encuentros de Turner con sus colegas (la secuencia en la Real Academia de las Artes, retocando los cuadros que allí están expuestos, es de lo mejor de la película) y de presentar en pantalla una de las más bellas y emocionantes relaciones padre-hijo que se hayan visto en el cine.

Otro logro de la cinta es la gestión del tiempo. Así, vemos a lo largo del filme la evolución de Turner desde la muerte de su padre: los avances tecnológicos se suceden (barcos de vapor, ferrocarril, fotografía, etc.), mientras, Leigh usa el desgaste de Turner y el deterioro físico de la criada como referencias para las elipsis. Parejo al cambio progresivo que presenta el director, es la evolución abstracta de la obra del artista que, incomprendida, se adelanta aún más a ese tiempo de inventiva frenética.

Creemos que Mr. Turner hará las delicias de los aficionados a la pintura y al arte en general; incluido el cine, naturalmente. Por tanto, inferimos casi de perogrullada que nos encontramos ante una de las películas más importantes de las que han pasado por el festival hasta el momento.

Lo mejor
La actuación de Timothy Spall.
Lo peor
Nada que reseñar.

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