White God (Kornél Mundruczó, 2014), se decide por resaltar lo peor de la condición humana reflejada con toda su crudeza en este thriller. Una especie de precuela de la inquietante cinta de Samuel Fuller (el juego de palabras usado en el título evidencia el origen del filme: White Dog, 1982) aderezada con la terrorífica película de Hitchcock, Los pájaros (The Birds, 1963).
Las referencias son tan claras a esta última (hay planos calcados) como a la de Fuller, si bien, el director consigue que los espectadores se sitúen de parte de los perros —y también que bastante gente del público se salga del cine incapaz de aguantar el realismo brutal de las escenas.
Y es que no deja de ser curioso el efecto que supone el maltrato animal al espectador, que aguanta menos este tipo de secuencias que las protagonizadas por seres humanos. Quizás sea debido a la crueldad del llamado homo sapiens, a la indefensión de los canes y a la sensación de veracidad de los planos; a la certeza que planea por toda la película cuando el director parece insinuar que estas atroces actividades suceden en la realidad.







