Desigual jornada la de ayer en el festival de cine europeo de Sevilla. Al parece vamos saltando de una película aceptable a otra desastrosa, qué se le va a hacer. Comentaremos primero, muy brevemente, la que menos nos gustó para luego centrarnos en la cinta serbia:
Stray Dogs (Jiao you de Tsai Ming-Liang, 2013), que así se llama el largometraje que sufrimos ayer, es una película de Taiwán coproducida con Francia (de ahí que se haya colado en el certamen) que narra cómo sobreviven en la gran ciudad un padre y sus dos hijos pequeños, ayudados los tres por una peculiar dependienta de un supermercado. Nada más.
Una trama tan plana como una pista de tenis, que el director Ming-Liang ha querido desarrollar (¿?) a base de planos fijos interminables (pudimos cronometrar uno, tan aburridos estábamos: y sé que fueron ¡más de 15 minutos!). Lo que consiguió el realizador, desde la primera media hora de proyección, fue el goteo continuo de espectadores levantándose de la butaca para salir huyendo de aquel despropósito. Siempre me arrepentiré de haberme quedado hasta el final para ver si el laaaargometraje se arreglaba. Iluso de mí.







