Opinión · Nº 69972 · 29-04-2026
Crítica de

El puente

Los rostros de los niños van evolucionando mientras se ven abocados al desastre. Como la propia Alemania, sus sueños de grandeza se tornan en pesadilla.

Cinta alemana muy relacionada con las nuevas olas que surgieron en Europa a finales de los cincuenta. Una película que sigue la misma línea realista y de ruptura con el clasicismo que sus contemporáneas, pero que cuenta con el importante matiz de la coyuntura germana de la posguerra. Y es que el recuerdo del conflicto que asoló al mundo a causa del delirio de toda una nación era demasiado intenso como para no modular el nuevo cine alemán. El Puente es un buen ejemplo, acaso el mejor, de aquel movimiento cinematográfico.

Dirigida por Bernhard Wicki, un actor de la vieja escuela que realizó una decena de cintas y que sorprendió con esta obra maestra, El Puente se basa en la novela de Manfred Gregor para narrar la historia de la defensa de un viaducto a cargo de siete adolescentes:

Estamos en abril de 1945 y el ejército alemán se bate en retirada desde todos los frentes. En una aldea, que se ha mantenido en la retaguardia durante todo el conflicto, viven siete muchachos de dieciséis años que sueñan con gloriosas batallas, estudian los partes de guerra y juegan a los soldados en la ribera y en el viejo puente. Son jóvenes de diferente clase social, la mayoría con la familia destrozada por la pérdida del padre o su minusvalía, pero todos con la misma ilusión por combatir. Tanto es así que la llegada de la orden de movilización obligatoria para personas de su edad supone motivo de alegría. Alegría para ellos, pero desesperación para las madres y el maestro de la escuela; también para los militares que se encargan de la movilización, que ven como los reclutas que acuden a la llamada a filas son sólo niños.

Cuando, sin apenas instrucción, la compañía recibe la orden de partir hacia el frente, el capitán se apiada de los muchachos y ordena al sargento del pelotón que cuide de ellos y les asigne una misión sin importancia, lejos de la batalla: se trata de defender el puente del pueblo, el mismo lugar en el que llevan jugando desde que nacieron. Pero todo se tuerce cuando el sargento tiene un inesperado encuentro y cuando el movimiento de las fuerzas aliadas cambia de rumbo y se dispone a atravesar el pueblo…

La cinta, por tanto, se estructura en dos partes muy diferentes: en la primera, si bien se denuncia la corrupción nazi con el retrato del jefe del partido del pueblo, padre de uno de los muchachos, da la impresión —engañosa como se verá luego— de que Wicki se coloca al lado de los niños y de su punto de vista patriótico y nacionalista. En realidad es una metáfora de la propia Alemania al comienzo de la guerra (insistimos en que prácticamente están representados todos los estamentos: desde la clase alta, con el niño que quiere seguir la tradición militar, hasta la menos favorecida económicamente, pasando por familias disidentes o fieles al partido).

En la segunda parte, a partir de la incorporación a filas y desde que los niños ocupan su puesto en la defensa del puente, la cruda realidad se va apoderando de la cinta progresivamente. La actitud de los jóvenes al principio es la misma: el juego de la guerra, de la grandeza de la patria, en su puente de siempre. Pero a medida que distintas personas intentan cruzar el viaducto o les hacen una visita, la situación va cambiando y la cinta se posiciona claramente por el antimilitarismo. Hasta los rostros de los niños van evolucionando mientras se ven abocados al desastre. Como la propia Alemania, sus sueños de grandeza se tornan en pesadilla.

El Puente fue un impacto no sólo en su país sino en el mundo entero donde cosechó importantes premios (Globo de Oro, nominada al Óscar a la mejor película extranjera, premio en Valladolid, etc.). Su director, austríaco de nacimiento, golpeó con fuerza en la conciencia de sus compatriotas con este filme de denuncia.

Lo mejor
Cómo cambia poco a poco la situación de la defensa del puente.
Lo peor
Nada que reseñar.

Los comentarios están cerrados

Desde 2005 muchocine es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.