Opinión · Nº 69946 · 29-04-2026
Crítica de

Gangster Squad: Brigada de élite

Ejercicio de nostalgia y estilo a partes iguales.
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Este escuadrón antigangsters se basa en una historia real y en el libro homónimo de Paul Lieberman, pero realmente es, a partes iguales, un ejercicio de nostalgia y de estilo. Veamos:

Mickey Cohen (Sean Penn) es un sanguinario y ambicioso capo de la mafia que quiere controlar Los Ángeles a base de asesinar a la competencia y de comprar a jueces y policías. El sargento O’Mara (Josh Brolin) es un excombatiente de la Segunda Guerra Mundial que aún sigue batallando, esta vez contra los delincuentes. Un agente de la ley atípico, de los que no se venden, que quiere acabar con Cohen formando un escuadrón de policías. Los agentes operan desde la ilegalidad y tienen carta blanca para destrozar locales, garitos e intervenir las operaciones del mafioso. La mano derecha de O’Mara es el sargento Jerry Wooters (Ryan Gosling), un policía más “normal”, que se adhiere a la causa por dos razones: es el amante de la novia de Cohen y además acaba de perder a un amigo, a un niño limpiabotas víctima de un tiroteo de los matones de Cohen.

Con esta trama de película de serie B ambientada en los años cuarenta, Ruben Fleischer, un director curtido en la televisión —uno más—, elabora un producto que sueña parecerse a aquellas películas de cine negro que poblaban las carteleras de posguerra. Consigue su propósito gracias a una cuidada estilización y ambientación, y a una galería de personajes estereotipados que encajan como un guante en este filme de género.

Fleischer aprende de los errores de proyectos anteriores del mismo corte como La Dalia Negra (The Black Dalia de Brian De Palma, 2006) y se hace con un libreto de altura, con unos diálogos que parecen extraídos de las mejores novelas hard-boiled. Fleischer es más fiel al universo de James Ellroy que De Palma y sólo sigue al segundo para gestionar una trama que mezcla la historia de La Dalia… con otro largometraje del mismo director: Los Intocables de Eliot Ness (The Untouchables de Brian De Palma, 1987). Los puntos en común con Los Intocables son evidentes, entre ellos, el villano: Sean Penn, tan sobreactuado como De Niro —en un papel que demanda esa sobreactuación— es el que abre la película con un arranque (literal) que pone los pelos de punta. Fleischer juega a ser Howard Hawks y advierte al público del terrible peligro al que se enfrentan los personajes desde el primer minuto. Un acierto.

Sin embargo, es en esa definición de caracteres donde el director se muestra algo más irregular. Si el personaje al que da vida Ryan Gosling —en un registro que el actor domina— es el que consigue que la película se salga del maniqueísmo para ingresar de lleno en el noir, el de la esposa del sargento O’Mara da más vueltas que una veleta hasta convertirse en el error más grave de la película.

Pocos fallos que Fleischer suple con algunas secuencias para enmarcar: la del atentado en plena calle y la del tiroteo a oscuras. La primera, resuelta dilatando el tiempo con el manejo de la cámara lenta; la segunda, con un montaje paralelo que alterna el número musical de una graciosa “Carmen Miranda” con una espectacular escena de acción. Dicha secuencia utiliza de una forma muy original los fogonazos de los disparos para conseguir un recurso estético de altura.

Gangster Squad es, por tanto, un refugio para el cinéfilo aficionado al cine negro, una mirada al pasado con la técnica del presente, un producto bien rodado con un guion que parece escrito por el mismísimo Raymond Chandler:

“—¿Dónde has estado toda mi deprimente vida?
—… Bebiendo.”

Lo mejor
La secuencia de acción nocturna.
Lo peor
La definición de los caracteres.

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