Opinión · Nº 69833 · 28-04-2026
Crítica de

Prix de beauté

Decir que la película critica a los concursos de belleza y a todo lo que rodea ese mundo, es quedarse algo corto: la cinta es mucho más.
Premio de belleza2

El caso de Louise Brooks es único en el mundo del cine. Una actriz norteamericana que triunfó en Europa gracias, principalmente, a dos películas, a dos obras maestras de George Wilhelm Pabst. Hoy la recordamos en una cinta menos conocida que las anteriores, pero igualmente interesante; para nosotros su última gran película europea.

El largometraje lo dirigió Augusto Genina, un realizador italiano que trabajó mucho fuera de su país (también en España, recordemos Sin Novedad en el Alcázar de 1940) y que tuvo el placer de contar con Louise Brooks en esta maravillosa cinta francesa. El filme se rodó al final del período silente y, aunque concebido como mudo, su versión más conocida es una sonorizada con música y doblaje en algunas secuencias. Decir que la película critica a los concursos de belleza y a todo lo que rodea ese mundo, incluido los contratos con las productoras cinematográficas, es quedarse algo corto: la cinta es mucho más.

El argumento, en parte especular, se basa en una idea de René Clair. El director francés se encargó también del guion; pero no lo hizo solo: Pabst se unió al proyecto. Incapaz de dejar a Louise Brooks, después de los dos largometrajes que convirtieron en mito a la actriz del “Casco Negro”, La Caja de Pandora —o Lulú, como prefieran— (Die Büchse der Pandora, 1929) y Tres Páginas de un Diario (Tagebuch einer Verlorenen, 1929), George Wilhelm Pabst siguió a su musa en este claro antecedente de películas sonoras del corte de Ha nacido una estrella:

Lucienne (Louise Brooks) es una joven trabajadora que sueña con ser Miss Europa. Sin que su novio lo sepa, se apunta al concurso de belleza y es seleccionada para representar a Francia en el certamen internacional de San Sebastián. El éxito complica tanto su relación sentimental que tendrá que elegir entre una prometedora carrera como actriz y una vida normal junto a su novio.

La doble autoría en el guion, más la dirección de Genina, convierte a Prix de Beauté en una cinta muy atractiva. Se nos ocurre que la primera parte, la que narra la vida cotidiana de la pareja junto a su amigo íntimo, tanto en el trabajo como en vacaciones, puede ser más del estilo de René Clair. Genina rueda la trama realista como si perteneciera a la corriente de películas documentales de vanguardia (las de Dziga Vertov, por ejemplo). Lo hace tan bien, que el resultado del arranque nos parece igual de adelantado a su época que el de la excelente Gente en Domingo (Menschen am Sonntag de Siodmak, Ulmer, Zinnemann y Wilder, 1930).

La segunda parte, más dramática, con Louise Brooks en el registro que le dio la fama, es completamente diferente, pero igualmente interesante. Lulú —¡también se llama así!— desde que sale del anonimato, gracias al concurso, se ve acosada por los hombres y arrastrada sin quererlo, sin ser consciente de ello, a un destino trágico. Lógicamente, esta fase de la historia tiene todos los ingredientes para que el autor no sea otro que Pabst.

Independientemente del responsable de cada secuencia, lo que está claro es que la cinta es propiedad de Louise Brooks. La estrella está más bella si cabe que en La Caja de Pandora. Muy simpática en ese primer acto realista, casi un documental sobre la propia actriz, el que asignamos a Clair; y estupenda en el melodrama final más cercano a la obra de Pabst.

Premio de Belleza, insistimos, es la película menos conocida del periodo europeo de Louise Brooks, pero no por ello deja de ser una excelente muestra de lo que la actriz era capaz de hacer. La estrella se aseguró su pase a la eternidad gracias a los elogios de los directores de la Nouvelle Vague. Tanto Truffaut como Godard se dejaron impresionar por la belleza de la actriz y por los personajes que interpretó. Fue tal la influencia, que quisieron rodar sus películas como si fueran homenajes a la memoria de Lulú. En Vivir su vida (Vivre sa Vie de Godard, 1960), Anna Karina es una Louise Brooks revivida. En Jules et Jim (Truffaut, 1962), las andanzas del triángulo protagonista se nos antoja muy cercanas a las de la primera parte de Prix de Beauté.

Después de la cinta de Genina, Louise Brooks volvió a Estados Unidos para convertirse en una estrella al estilo Hollywood. No nos explicamos qué pudo suceder para que la actriz nunca llegara a triunfar en su país. Sí sabemos que no era como las demás: era culta e inteligente, una intelectual que dedicó buena parte de su vida al ensayo literario y que nunca se dejó amedrentar por el agobiante sistema de estudios.

Una fuerte personalidad que renunció a formar parte del Star-System… Y claro, eso allí no se perdona.

Lo mejor
La estupenda Louise Brooks.
Lo peor
Nada que reseñar.

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