Ahora todo en ella nos suena a conocido. Por supuesto. Pero en su momento, nada de lo que vemos en La noche de los muertos vivientes se había visto antes. Ni tanta casquería, ni tanta sangre, ni tantos zombies y con un negro en plan héroe, lo nunca visto en Estados Unidos en aquel momento. Precisamente por eso, por lo que supuso de originalidad y por ciertas escenas inolvidables, sigue siendo una referencia en el subgénero del cine de zombies.
Desde la primera escena, en la que vemos a dos hermanos yendo a visitar la tumba de su padre, entendemos la situación: los muertos están cobrando vida (vaya usted a saber por qué) y la única opción es correr y huir. Así, en una casa en medio del campo se van reuniendo unos cuantos supervivientes de la extraña "enfermedad" o lo que sea que está afectando a los muertos (y que se intenta medio-explicar en el filme) y que hace que se coman a los vivos sin compasión. La tensión entre los presentes no tardará en empezar a hacerse patente: cada vez más muertos vivientes fuera intentando entrar en la casa; una mujer en estado de shock; diferentes posturas ante lo que deben hacer; la claustrofobia de no poder salir ni ver escapatoria… Así hasta llegar a los grandes momentos finales.
