Aclarados estos puntos nos centraremos en esta nueva versión del mito del hombre lobo. Mi veredicto es que, simplemente, se trata de una película aceptable, con más defectos que virtudes pero que, gracias a su soberbia ambientación y a la medianamente correcta historia que narra, se merece al menos un vistazo. Como he dicho, el punto fuerte del film es el marco tenebroso inglés en el que se sitúa. Sus paisajes, representados gracias a es a fotografía de tintes grisáceos, se hacen a la vez bellos y aterradores, pese a que no se explotan al máximo. El Hombre Lobo no llega a exprimir todos los elementos con los que juega, y eso hace que el film se quede a medio camino de todo. En ningún momento llegamos a sentir verdadero terror ante lo que nos están contando, simplemente notamos una pasividad alarmante debido a un director que poco espíritu se ve capaz de insuflar en su película.
Las interpretaciones, por el contario, son notables, especialmente la de Benicio del Toro. Anthony Hopkins se muestra tan histriónico y cargante como de costumbre y es que, sin que sea nada personal, poco puedo aguantar los últimos trabajos de este señor, pero he de reconocer que aquí hace un soberbio trabajo a tener en cuenta. Al menos, en este aspecto, la película sale muy bien parada, teniendo en cuenta que su mayor lastre es la presencia como director de Joe Johnston.
¿Qué es lo que tiene El Hombre Lobo que la perjudica tanto? Su espectacularidad y su juego al sobresalto como única vía de acaparar la atención del espectador. Ante la imposibilidad de insulflarle algo de alma, el director opta por recurrir al clásico y reprochable truco del golpe de efecto. Así, sobresaltos los encontramos a montones, pero son únicamente sonoros, a la vez que cargantes y constantes. El film abusa de las secuencias frenéticas. Se podía contar la historia intensificando la tensión sin caer en la tendencia actual de parir productos cargados de adrenalina pero con poco fondo. Dicha tendencia también incluye el recurrir a la infografía para impregnar cada fotograma. De hecho, en ocasiones vuelve a parecer que estamos ante un videojuego, no tan alarmantemente lamentable como en Van Helsing, pero sí lo suficiente como para percatarnos de que El Hombre Lobo es todo un ejemplo del cine del siglo XXI, es decir, pirotécnico, aparatoso y, en suma, desprovisto del mínimo sentido de la maravilla y la estética.
Si todo esto no fuese suficiente, hay que tener en cuenta esa manía enfermiza de ilustrar la matanza causada por el monstruo a través de las más gráficas y violentas muertes, muy logradas pero sumamente innecesarias. Sumémosle el confuso guión y los poco aprovechados efectos de Rick baker.
¿Qué tiene entonces esta película que podamos rescatar? Pues lo primero que entretiene y su historia, aunque descafeinada y plasmada en ese mediocre guión, entretiene gracias al manejo acertado del suspense. Y lo segundo, que contiene algunos efectos (aunque pocos debido al desaprovechamiento al que antes me refería) que quitan el hipo, casi tanto como las ya mencionadas e impresionantes localizaciones y su impecable fotografía. La partitura de Danny Elfman, aun siendo bastante estruendosa, es también un punto fuerte.
Al menos, resulta superior al modelo en el que se inspira, pese a ser un producto que huele a prefabricado, cuyos elementos podrían haberse exprimido muchísimo más.
Un 6,5.
Lo mejor: Se hace bastante amena como cinta de terror.
Lo peor: Leer la crítica, porque son unos cuantos puntos...
