Vehemente hasta el desmayo, Capote abrazó la causa de sus protagonistas (los asesinos de la familia Clutter en Holcomb) y va más allá de la tradición periodística al uso y se involucra sin hacer aparecer el histrión absoluto que llevaba dentro. El Capote escritor tenía la enorme habilidad de censurar al otro, al que se valía de su encanto y de su incontinencia verbal para ganarse la confianza, el afecto y la admiración de quienes le rodeaban. Particularmente relevante es la escena en la que gana la adhesión de los lugareños (reacios en un principio) al relatar con desparpajo y humor cómo le ganó un pulso a Bogey (Humphrey Bogart) o cómo el completo set de rodaje de La burla del diablo se detuvo: al fin y al cabo, él era el guionista al que John Huston había confiado todo el peso del film.La película compendia con exquisito metodismo la metamorfosis inducida por la realidad a la que Truman asiste: el desvalido glamour de un preso con el que comparte sensibilidad y al que se inclina por razones piadosas y sentimentales, su condena inaplazable, le turba al punto de reconsiderar muchas de las firmes convicciones sobre las que levantaba su rutina de diletante culto y estragado por la burda holgazanería de una sociedad en continuo desajuste, proverbialmente abocada a la mediocridad, esa mediocridad de la que él huye como el que se distancia de la peste hocicando sus narices en un prado de amapolas.Registrar en imágenes la novelización de la macabra historia de los Clutter: Douglas McGrath se distancia, a lo leído, de la anterior película sobre el mismo tema, la oscarizada Capote de la que Philip Seymour Hoffman (tremendo actor) sale revalorizado. No haberla visto me impide un más pormenorizado juego de espejos, pero sí he leído la novela de Capote (un verano, en Fuengirola, a pie de playa, esquivando niños incordiosos, qué le vamos a hacer) y he disfrutado (si cabe) mucho más de la espléndida propuesta de McGrath, que es (insisto) un muy bien acabado estudio sobre la injerencia del arte en la vida.
Lo mejor: Toby Jones
Lo peor: Los insertos, las entrevistas, que lastran el conjunto...
