Viven en una bonita casita en los suburbios de Connecticut, tienen una vida cómoda pero como a tantas otras personas, esa vida no les llena. Frank (Leonardo DiCaprio) odia su absurdo y monótono trabajo, siente su vida y tiempo desperdiciado en una estúpida oficina. Su mujer April (Kate Winslet) tampoco se encuentra conforme encerrada entre las cuatro paredes del hogar; por eso decide proponerle a su marido un punto de fuga: marcharse lejos de allí y comenzar desde cero buscando con fruición aquello que les llene de verdad. Quieren romper las cadenas que les atan a un estilo de vida falso, aburrido y desapasionado para poder encontrar, mediante una mayor libertad, la ansiada felicidad. Frank parece atraerle la idea, romper con todas las ataduras y olvidarse de ir todos los días al trabajo entre miles de personas vestidas con la misma ropa gris, portando los mismos maletines, llevando el mismo estilo de sombrero y fumando la misma marca de cigarrillo –San Mendes muestra una gran capacidad para describir las situaciones–, le parece la mejor solución pero llevarla a cabo no será tan sencillo.
A partir de aquí se desencadena una tremenda lucha, tanto interna como externa, entre este matrimonio que conseguirá conmover gracias a la brillante actuación de sus protagonistas, tanto Leonardo DiCaprio como Kate Winslet bordan sus papeles lo que facilita que el espectador entre en una trama bien hilada y le haga reflexionar. Es una película de personas reales y polos opuestos, deberán elegir entre dejarlo todo y vivir sus sueños o quedarse como están en una vida cómoda pero desapasionada. Para romper con el pasado y seguir el rumbo que indique el corazón hay que ser valiente y, a veces, solo los más alocados –y libres– serán los únicos capaces de perseguir sus propios sueños.
Lo mejor: La actuación de Kate Winslet y Leonardo DiCaprio.
