Cuentos de Terramar, la primera película de Goro Miyazaki, hijo del maestro nipón Hayao Miyazaki (La princesa Mononoke, El viaje de Chihiro), es un film que mezcla una historia con elementos fantásticos, una relación alumno – profesor cargada de enseñanzas, y demás elementos propios del mejor anime. Todo ello en una película con ciertos problemas de ritmo, algunas escenas cargadas de belleza visual, y un guión que, más allá de sus giros sobrenaturales, se centra en frases y mensajes de contenido filosófico, sobre el ser, la vida, la muerte, etc.
A menudo puede verse cómo el anime demuestra, desde la mentalidad de sus realizadores, que la animación puede considerarse una forma de arte con peso propio y una estética particular. Cuentos de Terramar, desde sus principios mitológicos, su belleza visual, su preciosa música y su honesta construcción de personajes, es un valioso exponente del género, comparable con las obras del Padre Miyazaki, que viene cosechando elogios de crítica y público con sus últimas producciones.
