La expresividad del cine monocromático le viene muy bien a una trama realista de un espacio parisino multirracial.

★★★☆☆ Buena

París, Distrito 13

Adelantándonos a la gala inaugural, pudimos ver en un pase de prensa matinal la primera cinta de la Sección Oficial del Festival de Cine Europeo de Sevilla. Filme elegido por la organización para el arranque por todo lo alto, seguramente debido al tirón que supone disponer de la última película de Jacques Audiard entre las ofertas de este, cada vez más prestigioso, certamen.

En París, distrito 13, cuatro personajes, tres mujeres y un hombre, de distintas nacionalidades, razas e inclinaciones sexuales se relacionan entre sí por distintos motivos (compañeros de piso, de trabajo o conocidos por un equívoco en las redes sociales), formando una serie de triángulos que cambiarán sus vidas para siempre. Una trama muy bien entrelazada si tenemos en cuenta que es el resultado de haber adaptado tres historias independientes del novelista gráfico Adrian Tomine.  

La nueva película del veterano cineasta francés se nos antoja que comenzó como un divertimento ⸺«siempre quise hacer una comedia romántica», ha confesado Audiard⸺, pero que en manos del avezado director de thrillers y cine negro, se ha convertido en un drama con cierto suspense por ver cómo terminan cada uno de los hilos. Es verdad que la típica estructura de comedia, chico-conoce a chica-se enamoran-se pelean-y se reconcilian, es en la que se apoya al menos una de las subtramas de este largometraje de vidas cruzadas. 

Una cinta en la que el cineasta galo ha bajado a la realidad del blanco y negro abandonando el colorido del polar por el que es conocido. Porque la expresividad del cine monocromático le viene muy bien a una trama realista de un espacio parisino multirracial como es Les Olympiades (así llaman al distrito 13, un conjunto de rascacielos de los años 70 conocido como el barrio chino más grande de Europa). De hecho, la única escena en color es aquella en la que uno de los personajes actúa mientras trabaja en su falso mundo de fantasías sexuales.

Buena película, por tanto, de un director que sorprende con un hábil cambio de registro para proponer una historia de intensas relaciones ⸺más intensas para unos que para otros⸺, con una cámara al servicio de los personajes cuando, gracias a la magia del cine, como ayuda a la contemplación, el director dilata el tiempo mientras fotografía a blancos, negros, amarillos, homosexuales, bisexuales o heterosexuales, es decir, a humanos. Personas que tienen una cosa en común: todos huyen de la soledad que caracteriza el mundo actual. 

Lo mejor: Lo bien entrelazadas que están las historias. La fotografía en blanco y negro.
Lo peor: Nada que reseñar.
publicado por Ethan el 7 noviembre, 2021

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