Becker ofrece una conclusión pesimista donde opina que la muerte es la única posibilidad que tienen algunos artistas de ver —de no ver— su obra por fin reconocida y valorada.

★★★☆☆ Buena

Los amantes de Montparnasse

La película, inicialmente, fue encargada a Max Ophüls, pero el gran director germano murió en 1957 sin pasar de la fase de preproducción. Jacques Becker la continuó y se puede decir que la cinta es totalmente suya, una cinta que a la postre sería la penúltima realizada por el francés. También fue una de las últimas apariciones del protagonista, Gérard Philipe, que encarna a un Modigliani ya enfermo. Por tanto, y por diversos motivos, de guión y de la vida real, el largometraje resultó ser un filme crepuscular. 
En efecto, el Modigliani que retrata Becker es un pintor ya aquejado de tuberculosis, que vive en el París bohemio de principio del siglo XX, y que se alimenta de alcohol y drogas. Un artista que no consigue -realmente, no quiere- vender su obra y que vaga por Montparnasse. La película refleja los últimos años del pintor y su relación con las mujeres que influyeron en su obra y en su vida. En especial con la filántropa, Beatrice Hastings (Lilli Palmer), que le sirve de sustento y le proporciona drogas y alcohol, y la joven burguesa, Jeanne Hébuterne (Anouk Aimée), que se enfrenta a su familia acomodada para abandonarlo todo e irse con Modigliani.
Precisamente el debate entre una y otra mujer por parte de un desquiciado Modigliani resulta lo más atractivo de la cinta: el interés económico frente al amor, pero con un sinfín de matices consecuencia de la inestabilidad física y emocional del protagonista. Para conseguir el realismo necesario, Becker contó con la experiencia de un actor de la categoría de Gérard Philipe, con un registro que dominaba como nadie; véase, por ejemplo, la excelente Los Orgullosos (Les Orgueilleux de Yves Allegret, 1953), donde daba vida a un médico borracho, perdido en las callejuelas de Vera Cruz. 
El desasosiego de toda la obra, en el que la fotografía expresionista tiene mucho que ver, ofrece un final más sombrío aún cuando un marchante de arte (Lino Ventura) especula con la obra del pintor. Becker ofrece una conclusión pesimista donde opina que la muerte es la única posibilidad que tienen algunos artistas de ver —de no ver— su obra por fin reconocida y valorada.
Lo mejor: El debate entre el amor y el interés económico. La fotografía expresionista.
Lo peor: Se centra solo en los últimos años del pintor.
publicado por Ethan el 13 diciembre, 2021

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