– Cómo comerse una bota como si fuera un lenguado, con espinas y todo; y de acompañamiento los cordones, a modo de espaguetis.
– Cómo inventarse el baile de los panecillos de pan, con dos tenedores y sendos bollos de pan.
– Cómo sentirse con resaca hasta la extraña sensación de que la casa se mueve, pero… ¿se mueve de verdad?
Estamos ante una de las obras maestras de Chaplin (tiene al menos media docena de ellas); trata del famoso vagabundo y sus aventuras en el Yukon en busca de oro. Allí comparte su suerte con un asesino, un buscador de oro fortachón y una bailarina de salón, que le da calabazas el día de nochevieja; es en ese momento cuando vemos al Charlot tragicómico, el que tanto enriqueció con esas secuencias dramáticas su propia carrera cinematográfica.
Lo mejor
La película entera no tiene desperdicio
Lo peor
Nada que reseñar








