«El pensamiento tiene alas, nadie puede detener su vuelo», Averroes

★★★★☆ Muy Buena

El destino

Como broche final al XVIII Festival de Cine Europeo de Sevilla, y mientras esperamos el palmarés, vamos a comentar una película que ha sido recién restaurada y presentada al certamen dentro de la retrospectiva llamada “Hacia otra historia del cine europeo”. Una selección de películas en la que, según la organización del festival, se pretende «proponer otra manera de pensar el legado fílmico del continente». Desde luego, de legado y de pensamiento va la coproducción franco-egipcia El destino, probablemente la obra maestra del cine árabe sobre Al-Ándalus, realizada por el gran director egipcio Youssef Chahine.

La película se basa en los hechos reales acaecidos en el siglo XII en nuestro país alrededor de la figura del célebre e influyente filósofo musulmán Averroes. El estremecedor arranque, con la ejecución en la hoguera de un cristiano por la inquisición francesa, acusado de hereje al atreverse a traducir la obra de un infiel como Averroes, marca el tema de la cinta, algo que no es nada nuevo y que por desgracia todavía se mantiene presente en muchos países en nuestros días: la persecución por unos y otros de aquellos que creen en la cultura como medio para alcanzar el progreso y la justicia social.

Tales eran los principios de Averroes como juez de la corte de Al-Mansour, un cargo que le otorgaba poderes incluso por encima del califa, ya que era el único que podía controlar al gobernante en caso de corrupción o de cualquier otro delito. La relación tirante entre los dos personajes es uno de los puntos de interés de este enorme fresco sobre la ocupación árabe en Andalucía.

Aunque quizás lo más importante sea cómo el director ha configurado una trama alrededor del pensamiento liberal de Averroes cuando cristianos (el hijo del ajusticiado), gitanos (los amigos del filósofo cuyo canto a la vida es mal visto por los fundamentalistas) y musulmanes (entre ellos, los hijos de Al-Mansour) forman una comunidad progresista y moderna encabezada por Averroes, muy peligrosa, eso sí, para los intereses de la oposición islámica. Tanto que los radicales logran que el califa destierre al filósofo y ordene quemar sus libros.

El mérito de la cinta, no obstante, no solo radica en el fondo ⸺«el pensamiento tiene alas, nadie puede detener su vuelo», dice el lema de la película atribuido a Averroes⸺, sino también en la forma. Así, los colores brillantes, parecidos a los del añorado Technicolor chillón de los años sesenta, con espectaculares mezclas de tonos cálidos y fríos en las noches andaluzas, hacen que nos olvidemos de que se encuentra producida a finales del siglo XX; mientras que la estructura del filme, como un musical al estilo Bollywood, se diferencia con toda la intención de otras superproducciones más hollywoodenses ⸺pensamos en The Message (Moustapha Akkad, 1976), otra enorme película, esta vez sobre la figura de Mahoma⸺, todo para que Youssef Chahine se salga con la suya y consiga realizar una cinta con sabor oriental, que, sorprendentemente, nace ya como un clásico sin necesidad del escrutinio del tiempo sobre ella.

Lo mejor: La forma al estilo Bollywood, la fotografía de tonos cálidos y fríos, el mensaje moderado y liberal de Averroes.
Lo peor: Elipsis algo bruscas.
publicado por Ethan el 13 noviembre, 2021

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