Como no quiero darle demasiada publicidad, sólo diré que cumple con los típicos tópicos de obra que quiere ser profunda y densa. Repite constantes: personajes con un terrible y secreto drama en su pasado (en este caso añade una protagonista totalmente antipática y amargada), y todo sirve para una supuesta explosión de emociones contenidas que sirve de nexo de unión entre dos personas solas y heridas a su pesar. ¿A que suena a la típica explicación sesuda de “indie”?
Pues así es. Esta película refleja cómo hacer un perfecto drama artificioso, cómo intentar conseguir lágrimas y emociones de la forma más pueril (aunque la relación Robbins-Polley son los mejores momentos) y alternar la atención de forma ingenua de un drama personal a un drama colectivo. Una de las cosas más atractivas en los guiones es lo que cuentan los personajes sin expresarlo verbalmente o al menos no abierta o directamente.
Pero esta película será bautizada como obra maestra, cine puro y todo lo que quieran porque es “potita” y “herposa” y cumple perfectamente con todos los cánones de cine “indie” al igual que cumple con los tópicos del cine de acción una de Van-Damme, pero es cine artificioso en estado puro. Y como todo, tendrá sus espectadores, fieles, seguidores y admiradores… y detractores.
Lo mejor: Los actores.
Lo peor: La artificiosidad del guión-dirección y el doblaje. Y las decenas de planos fuera de foco.
