Cumple medianamente con sus objetivos, sonrisas incluídas, incluso nos deja un sabor a títulos similares a los que se hacian en la década de los 80.

★★☆☆☆ Mediocre

Noche en el museo

Si alguien espera un alimento más sólido o comprometido, ésta tampoco es su película. Es una comedia estadounidense, con muchísimos efectos visuales, protagonidada por Ben Stiller, y dirigida al público familiar. Sin más sorpresas que las de verificar cual es el nivel de los efectos especiales, si Ben Stiller, acompañado por su inseparable Owen Wilson, sufre el mal del cómico con muecas “cargantes” o ver si nos logra arrancar, al menos, alguna sonrisa.

Intenta dar lo que ofrece, en generosas dosis y quizás con la mirada demasiado puesta en el público infantil. Pero contiene el aliciente añadido de toparnos con un particularísmo trío de pillos formado nada menos que por Dick Van Dyke (“Mary Poppins”), con ¡80 años! a sus espaldas, y hecho un chaval, incluso marcándose unos pases de baile; Billy Cobbs (secundario de lujo en títulos como “Cotton club” o “El color del dinero”), de 70 años, y el pequeño gran Mickey Rooney, nada menos que ¡85 años!, y hecho un gruñón de lo más simpático.

No son los únicos actores “resucitados” para la ocasión. También tenemos a un Robin Williams (superados sus problemas con el alcohol), en plan colega entrañable, que encarna, y nunca mejor dicho, a la figura de Theodore Roosevelt.

Aventuras en el gran museo.

El invento permite desfilar ante nuestros ojos toda clase de personajes históricos, incluído un Cristóbal Colón que habla en genovés, faraones y ordas de bárbaros, romanos, vaqueros, mayas y hombres de Neanderthal. Y de otras especies animales de lo más simpáticas o peligrosas, desde un gamberro mono capuccino, hasta tiranosauros-rex, leones, mamuts o reptiles.
Tal es la fauna que puebla el inmenso Museo de Historia Natural de Nueva York, con lo que se permite poner en marcha esa premisa, o sensación, que pasar allí una noche debe de ser inquietante, sobre todo si alguno de los objetos empieza a cobrar vida.

La puesta en escena de Shawn Levy (“La pantera rosa”) es tan funcional como efectiva intentando que tanto el guión como la estrella de Ben Stiller reluzcan sin chirriar y que la acumulación de tantos efectos no llegue a cansar, demasiado.Cumple medianamente con sus objetivos, sonrisas incluídas, e incluso nos deja un sabor, pero no la misma grandeza, a títulos de aventuras y de fantasía similares a los que se hacian en la década de los 80. No en vano Chris Columbus, guionista de “Gremlins”, “El secreto de la pirámide” o “Los goonies”, y director de “Aventuras en la gran ciudad” o “Solo en casa” (1991), se halla tras la producción.

Por lo demás tomen a Ben Stiller convertido en un padre de familia, y hombre, fracasado, sin trabajo estable, divorciado y con un niño que anhela poder admirar a su padre. Y que, al igual que Federico Luppi, acabará encontrando su “lugar en el mundo”, de la manera más increíble y de paso, para que todo sea redondo, también a una guía del museo de muy buen ver (Carla Gugino).
publicado por Carles el 10 febrero, 2007

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