Repite los mismos patrones de la mayor parte de películas de terror venidas de Estados Unidos: atmósfera de misterio, chicas guapas que mueren más tarde que sus compañeros -más feos que ellas-, correrías y poco más.

★☆☆☆☆ Pésima

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Wes Craven, convertido en factoría, nos vuelve a contar una prescindible historia con reiterativos elementos en los ya clásicos títulos de terror con y para jóvenes.

Reincide en la idea de que los muertos están entre nosotros, más de lo que algunos creen, y son sin cabe más espabilados en cuanto al uso de las nuevas tecnologías se refiere.

Estos seres de ultratumba ya se saben los trucos y nosotros, como espectadores, también, aunque a veces, y ese es el milagro del cine en pantalla grande, no hace falta que nos creamos lo que nos relatan para pasar un rato encogidos en la butaca y, he de reconocerlo, entretenidos. Esa es la única virtud de un título que repite los mismos patrones de la mayor parte de películas de terror venidas de Estados Unidos: atmósfera de misterio, chicas guapas que mueren más tarde que sus compañeros -más feos que ellas-, correrías y poco más.

Si la tomamos como algo original –y créanme que es difícil-, su planteamiento engancha y su concepción hasta cierto punto sorprende al ir de la típica sucesión de muertes hasta la panorámica de un presente apocalíptico. La crítica a nuestro estilo de vida contemporáneo no es sutil, sino todo lo contrario, aunque ya sabemos que los excesos no conducen a nada: el metraje se viste de un nerviosismo y una estética que acaba resultando cansina.

Wes Craven, perdón, el realizador Jim Sonzero, no se moderniza sino que se ancla en fórmulas que dan buenos resultados. Al final todo queda en una nueva revisión de lo que han hecho otros -y muchos de ellos, mejor-. El cocinillas del terror adapta la acción que transcurre en la nipona Kairo, de 2001, y adereza el relato con los habituales jóvenes universitarios nacidos en el país de las oportunidades y los sustos típicos de sus producciones, ya sean en forma de sueños o a través de cibernéticas soluciones bastante catastrofistas.
publicado por Daniel Galindo el 18 febrero, 2007

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