Esa es la historia del personaje que interpreta Quim Gutiérrez, casi un debutante, con una carrera forjada en las series de televisión catalanas, un chaval que intenta agarrarse como un clavo al rojo a cualquier destino, no al que por desgracia tiene que vivir, acompañado de Marta Etura, tal vez lo mejor de la película y es que su personaje entra por los ojos, se queda en el estómago y acaba en el cerebro, triste, conciso, haciéndo que entiendas todas sus motivaciones.
Una cinta de rupturas, de sueños, y de todo lo que es esta vida que nos ha tocado vivir, rodada de una manera sobria, sin mucho artificio (pa’ que), con una preciosa banda sonora, que ayuda soberanamente bien a seguirle el pulso a la historia.
Con unos secundarios de excepción, a saber, Raúl Arévalo, Antonio de la Torre, Roberto Enríquez, o incluso el cameo final del ahora televisivo Alex O’Dogherty.
En definitiva, una cinta que me habían recomendado y que tenía que haber visto mucho antes, puesto que es casi perfecta.
Lo mejor: Los actores, sin excepción.
Lo peor: El excesivo dramatismo.
