Biografía de un director irrepetible, Bob Fosse. Musical apoteósico, legado de un genio.

★★★★★ Excelente

Como no me atrae el musical, Empieza el espectáculo ( All that jazz ) no me suscitó ningún interés cuando un más que bien abastecido canal de pago la programó hace un tiempo. La injerencia de la música en el cine no ha sido ( no lo es todavía ) santo de mis muchas devociones, pero caí en el generoso acto de sentarme para verla cuando fue editada en DVD. Me pertreché de una buena dosis de paciencia y me dije que iba a soportar hasta el final habida cuenta de la fama que tiene y de la banda sonora. Sólo por la pieza On Broadway cantado por un vitaminado George Benson ( me dije ) ya merecía la pena el trago.

La realidad se impuso a mis prejuicios: suele ocurrir. No tengo ningún problema en pedir perdón o en desdecirme: disfruté muchísimo, encontré un film único e insólito, descarado, filosófico y jovial, combativamente dramático y recubierto por una fina capa de mala leche estupenda marca de la casa, esto es, del genial Bob Fosse, de quien había visto años atrás Cabaret y de la que todavía guardo miu agradables recuerdos ( a pesar, muy a pesar de ser cine musical, claro ).

All that jazz ( yo voy a llamarla así en lugar del menos proteico Empieza el espectáculo ) es un vértigo de ingenio, una demostración del talento de un hombre obsesionado por la muerte, en esta autobiografía filmada del coreógrafo y director Fosse, desnudado como pocas veces el cine ha mostrado a un hombre y presentado las cartas de su deceso, la evidencia mortuoria de una vida escorada siempre al exceso, representada en la pantalla en el personaje de Joe Gideon ( un nunca más convincente Roy Scheider ).

Que las piezas coreografiadas y la música ocupen una considerable parte del metraje no es óbice para que la película no sea enteramente musical. La música y el baile son recursos de una idea más profunda: la de la bajada a los infiernos de un hombre que ha escapado a sus demonios ( a sus vicios, a sus pecados ( y ahora mira cómo la salud mina su desafio y le arrumba en una cama, donde hace epitafio bailable de su tránsito por el mundo.
Lo mejor: On Broadway, una de mis canciones favoritas. Los colores eléctricos. El humor soterrado.
Lo peor: Una frialdad a veces inconveniente. Cierto que el tema es la muerte y que hay humor en ese crónica, pero advierto un tono gris, que despista, una especie de neutralidad que no acabo de explicarme y que entorpece (algo) una impresión maravillosa.
publicado por Emilio Calvo de Mora el 21 marzo, 2007

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