
Un guión muy atractivo ya es una baza que suele jugar a favor de cualquier filme, si además está bien realizado, bien llevado desde la parte técnica —ahora veremos—, y bien interpretado, el éxito es casi seguro. Es el caso de Circles: el director serbio utiliza el buen recurso de guión de dejar sin finalizar la primera secuencia para lograr que el espectador se pregunte, durante la primera parte de la película, ¿quiénes son los nuevos personajes que aparecen en la historia?, ¿qué relación tienen con el suceso?, ¿qué pasó exactamente en Trebinje?, ¿cómo se comportarán agresores y víctimas después de tantos años?
Mantener al espectador enganchado es un activo importante, pero es un arma de doble filo: hay que explicarlo bien todo. No podemos asegurar si la trama queda suficientemente clara, sin ningún cabo suelto, dado el murmullo en la sala, con las preguntas anteriores y alguna más. Para nosotros sí queda bien expuesto y, por tanto, suponemos que para el resto del público también. Desde luego, lo que consigue Golubovic es dar lugar al comentario y a la discusión, algo que siempre es bueno al salir del cine.

Si la parte argumental es destacable, no lo es menos la puesta en escena y los encuadres de transición que el realizador serbio fotografía: son planos generales de los personajes siempre delante de alguna fachada castigada por los años, las crisis y las guerras, o por muros desconchados, todo para recordar el duro entorno y el rencor que planea todavía por las ciudades balcánicas. También la música cumple el mismo objetivo, el de acompañar al drama y enfatizar el perdón; cuando éste por fin llega.
Guión, recursos técnicos y más que correctas interpretaciones —varios actores repiten colaboración con Golubovic, véase el reparto de su anterior película, La Trampa (Klopka, 2007)— son más que suficientes para darle una buena nota a esta cinta que, aunque esté basada en hecho reales, adolece del mismo defecto de casi todos los largometrajes que vienen de la antigua Yugoslavia: insistir siempre en el mismo tema. Comprendemos que la guerra esté todavía muy presente y que la reconciliación es algo necesario, incluso urgente (la película, de hecho, es una coproducción serbio-croatra-eslovena), pero dado el talento que demuestran los directores de esta generación, nos gustaría ver otro tipo de cine. Suponemos que con el tiempo así será.
