El cine de adolescentes suele estar enfocado hacia las hormonas, las aventuras y el sexo. Stephen Chbosky, director y guionista de esta adaptación de su propio libro -mismo título- logra desviar la atención hacia lo realmente importante en esa etapa de la vida: las ganas de vivir y los obstáculos que hacen que éstas puedan llegar a tambalearse. Entre las máscaras de la homosexualidad y la popularidad, los protagonistas intentan seguir este baile hasta el día de su graduación cuando, por fin, se dan cuenta de que ése no es el inicio de su libertad: ya habían logrado ser libres desde hace mucho.

 Con una Emma Watson que logra escapar al embrujo de Harry Potter y un Ezra Miller (Tenemos que hablar de Kevin) que deja con ganas de más por su pasmosa naturalidad para la interpretación, queda el hueco principal para Logan Lerman (Los tres mosqueteros de Paul W. S. Anderson), que encaja en un papel hecho a su medida sin destacar en exceso por encima de sus colegas.

La novela original, que fue best seller, se desarrolla de forma más epistolar que la película, la cual no mantiene demasiado rígido el formato de cartas como narración de la historia. Esta adaptación, por tanto, hace flexibles para el espectador las situaciones dramáticas, dándoles el peso justo y no desequilibrando la cinta, nunca, hacia algo cómico, sino amable desde el punto de vista del adulto -quizá no tanto desde el de un adolescente-.

Repleta de ganas de vivir y con un toque de ‘dislexia mental’ muy John Malkovich, adoctrina en lo positivo, salva los problemas intermedios y esperanza en los futuros baches del camino.

publicado por Carlos Andrés Rodríguez el 7 febrero, 2013

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