Tras su paso por el orfanato y con una infancia más que difícil, Jane (Mia Wasikowska) pasa a trabajar para Edward Rochester (Michael Fassbender) como institutriz de una niña. Rápidamente, el dueño de la casa se fija en ella y la relación entre los dos va cambiando poco a poco, mientras que Jane va dándose cuenta de que tanto Rochester como la casa guardan tantos secretos por dentro como parece por fuera.
Una buena adaptación que cuenta con excelentes y pasionales interpretaciones (Wasikowska fue todo un descubrimiento en In Treatment que se ha consolidado gracias a la Alicia de Tim Burton y papeles como este; de Fassbender poco más se puede añadir: uno de los hombres de moda en Hollywood) y con una bella fotografía que nos traslada a los páramos que pueblan aquellas tierras y los corazones de sus personajes. Suena cursi, sí, pero estas historias siempre tienen un punto cursi sin el que no serían lo mismo. Quizá, solo un pero: cuesta un poco entrar en la historia por los saltos temporales; pero en cuanto uno se ubica, todo va sobre ruedas.
Película muy recomendable para los fans de las adaptaciones literarias, para los fans de las hermanas Brontë, para aquellos a los que os gusten las historias clásicas y para los fans de Fassbender, claro.
