Tim Burton adapta el sangriento musical de Stephen Sondheim y Hugh Wheeler, basado a su vez en una criminal leyenda urbana, y lo convierte en una historia sanguinolenta, cruel, perversa, que se desangra antes tus ojos. El director gótico emplea flashbacks llenos de luz y color en contraste con la oscuridad y siniestralidad que tiñen el film. Sweeney Todd nos narra la historia de un hombre al que le es arrebatado su esposa y su hija de manera injusta. Tras cumplir condena, ese hombre, Benjamin Barker, está dispuesto a cometer una locura por amor por lo que regresa a Londres en busca del juez Turpin para saciar su sed de venganza.
La venganza y el amor se unen en una perfecta e impactante armonía visual, narrada de manera hipnótica y ambientada con una tétrica, malsana y malvada atmósfera. La película posee un toque gore, que se hace más perceptible en la media hora final. A destacar como siempre una magnífica dirección artística, una asombrosa fotografía de Dariusz Wolski, un llamativo vestuario y una sombría reconstrucción de Londres hecha por ordenador. En cuanto a las canciones, son correctamente insertadas tanto en la trama dramática como en la romántica, proporcionando en su justa medida carga dramática a la historia.
Sweeney Todd te deja con la sensación de haber visto algo cercano a una obra maestra, capaz de degollar a la genialidad y a la ingeniosidad. Un musical deslumbrante.
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