Una atmosfera oscura, interiores de un convento, para envolver los pensamientos turbios de los hombres y mujeres que se consagran a Dios aislándose del mundo, pero sin conseguir por ello aislarse del pecado.
Efectivamente no tiene ritmo, pero tampoco se le supone ni espera, hablamos de una vida dedicada a la contemplación y la fe.
La historia, la escenografía, los personajes, son de una belleza sobria e inquietante, pero sin duda lo mejor de toda la película es Vincent Cassel, piedra angular de la misma. Especializado, tal vez a su pesar, en personajes crueles, libertinos y retorcidos, aquí se enfrenta al difícil reto de personificar la pureza más radical para después ir deslizándose, poco a poco, por el deseo sexual cuyo descubrimiento acaba conduciéndolo al crimen, entregando con ello su alma al diablo.
No es una película para un público amplio, pero creo que es una opción interesante
Lo mejor: Vincent Cassel
Lo peor: A algunas personas les puede parecer algo lenta.
