Furia de Titanes tenía todas las papeletas para ser un bombazo, pero el resultado final se quedo a medio gas, y no solo por la polémica conversión al 3D, realizada en estudios de dudosa fiabilidad. Ahora nos llega su segunda parte, Ira de Titanes, también en 3D (¡como no!) y con cambio de realizador: Louis Leterrier cede las riendas al aficionado al cine de terror Jonathan Liebesman.

 

Ira de Titanes vuelve a ser un producto fallido. Resulta superior a la primera entrega, sí, pero vuelve a mostrar una preocupante falta de emoción, a lo largo de todo el relato. El principal problema radica en el planteamiento mismo de la película, enfocada como un videojuego, en el que ir superando fases, o luchando contra monstruos (la sombra de God Of War es insultantemente alargada en el film), de dificultad creciente. Por lo que no tiene sentido culpar a Liebesman, que se dedica a dejar al respetable con los ojos como platos en más de una ocasión, sino mas bien a un guión escrito a trompicones, sin ningún tipo de desarrollo drámatico.

 

Lo que no puede negarse es la espectacularidad de todo el film. Desde el comienzo se hace una apuesta por la hipérbole, y el espectador disfruta degustando los diversos escenarios (siempre en planos generales y con el 3D luciendo a toda máquina) y también quedándose con la boca abierta, ante los excelentes efectos especiales que inundan todo el film, que van desde escenarios mágicos y apoteósicos, hasta un notable diseño de criaturas, destacando las muy godofwagerianas criaturas del Tártaro (no todo son aciertos, ya que los cíclopes resultan ridículos).

 

Es una lástima que la franquicia Furia de Titanes (fantaseo con un futura entrega titulada Ventoseo de Titanes), contando con elementos ganadores a priori (la mitología griega, llena de fantasía, actores de renombre como Neeson y Fiennes), no haya conseguido traducirse en una gran película, y no me refiero a un film de resonancias shakesperianas, sino en un eficaz, o divertido, blockbuster.

 

Una de esas películas que entran por los ojos, pero que dejan un regusto amargo, pensando en el film que pudo ser. Mucho ruido y pocas nueces. 

Lo mejor: Su espectacularidad abrumadora
Lo peor: La preocupante falta de emoción del film
publicado por Alberto Zamora López el 27 marzo, 2012

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