Una película ingeniosamente divertida, delirante e hilarante con ritmo endiablado y sobrado sentido del humor.

★★★★☆ Muy Buena

En ‘El ángel exterminador’ Luis Buñuel diseccionaba a un grupo de burgueses en una habitación de la que no podían salir. Pronto, las buenas costumbres y la cordialidad del ser humano se acabaran perdiendo, dando paso al primitivismo y al salvajismo. Pues bien, Roman Polanski saca su lado más malévolo y mordaz en ‘Un dios salvaje’, encerrando también a sus cuatro protagonistas entre las cuatro paredes de un pisito neoyorquino. La cámara no sale para nada al exterior, exceptuando los planos que abren y cierran, al igual que la espléndida música de Alexandre Desplat, ésta magnífica obra maestra. Una película ingeniosamente divertida, delirante e hilarante con ritmo endiablado y sobrado sentido del humor, un humor descacharrante, sano que te hará reír durante sus casi 80 minutos.

Una historia basada en la obra de teatro de Yasmina Reza, en la que dos matrimonios intentaran resolver civilizadamente un conflicto entre sus hijos adolescentes. Uno de ellos le rompió dos piños al otro. Pero se puede hacer de dos maneras: por las buenas o por las malas (en este caso son las dos). Con este sencillo punto de partida arranca una de las mejores comedias del año, en la que las conversaciones entre los padres no tienen desperdicio, con brillantes e inteligentes diálogos. Sin embargo, su excesivo y marcado tono teatral resta verosimilitud a unas actuaciones que se dejan llevar por la situación.

El maravilloso reparto lo componen: Kate Winslet, en un personaje tan disparatado como vomitivo; Christoph Waltz, para mí el mejor, con un personaje inquieto y muy solicitado; Jodie Foster, en un personaje sollozante y egocentrista; y por último John C. Reilly, un personaje contenido pero con carácter.

Una película muy recomendable.

Lo mejor: Christoph Waltz y su móvil.
Lo peor: Te deja con ganas de más.
publicado por Ángel López Gallego el 22 diciembre, 2011

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