Da la impresión de que al guión le falta algo, no se sabe si los antecedentes, o la conclusión, o las dos cosas.

★★★☆☆ Buena

Shame

Vuelta a la sección Oficial nos encontramos con esta cinta inglesa tan premiada (varios galardones en el festival de Venecia), que no dejará a nadie indiferente, y que podría alzarse con el Giraldillo de Oro por algunos elementos muy conseguidos, a pesar que a nosotros no nos ha convencido del todo. 

Y es que nos parece que la historia de la bajada a los infiernos de Brandon (Michael Fassbender, pedazo de actor) se queda sólo en la introducción, en una exposición de un conflicto al que no se le da solución y del que tampoco hay causa, al menos no explicada suficientemente.

Steve McQueen (director británico de color, inevitable que acuda a nuestra mente el carismático actor fallecido hace más de treinta años, ¡cómo pasa el tiempo!) propone una trama que se desarrolla en Nueva York donde un ejecutivo, que sólo se relaciona con las personas del trabajo, es adicto al sexo y guarda celosamente su adicción. Su enfermiza, pero controlada existencia, se ve alterada cuando llega sin previo aviso su hermana Sissy (Carey Mulligan, excelente también, no perderse la escena donde canta New York, New York a ritmo super lento). McQueen insinúa un oscuro pasado y enfrenta a los hermanos, y todo parece abocado al desastre.

La cinta, como decimos, destaca por algunos aspectos técnicos y por la interpretación de los actores principales, los que dan vida a los dos hermanos. Del apartado artístico nos gustaron los diferentes ambientes que maneja el director: el frío apartamento de Brandon, donde predominan los azules, los blancos y los grises; y los entornos más cálidos de algunos bares u hoteles donde se desarrolla la acción, con predominio del tono beis, o con filtros encarnados y marrones. También las espectaculares vistas desde las oficinas o las habitaciones de los hoteles, y los contrapicados desde la calle con el objetivo puesto en esos lugares donde se desatan las pulsiones sexuales del protagonista.

Sin embargo, a nuestro entender, la cinta falla en el desarrollo de la historia (historia desagradable, todo hay que decirlo). Un argumento que en el último tercio del filme recuerda por momentos a Eyes Wide Shut (Stanley Kubrick, 1999), pero que se queda en el planteamiento. Es una película que avanza poco y no lleva a ninguna parte. Da la impresión de que al guión le falta algo, no se sabe si los antecedentes, o la conclusión, o las dos cosas. Es lo que ha provocado la idea final que nos ha quedado de esta cinta: una intención -loable- de largometraje, más que un largometraje en sí. 

publicado por Ethan el 10 noviembre, 2011

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