Estas afirmaciones sobre la película que nos ocupa necesitan ser explicadas con detenimiento, así que voy a ir por partes. El film, como bien he comentado, es un auténtico homenaje al buen cine de los ochenta y todo un guiño los sueños que los jóvenes realizadores tenían aquel entonces. No hay que ser muy lince para darse cuenta de todo eso, así que como es algo que seguramente ya hayáis leído en multitud de escrituras sobre la película, voy a saltarme esa parte.
Como bien hemos dicho en el párrafo anterior, el principal pretexto de la historia es el homenaje. Un homenaje para prescindir de cualquier intento de innovación, lo que no es que diga mucho de la creatividad de J.J. Abrams, que en televisión hace cosas muy buenas como Perdidos, a pesar de su discutido y defendible final, y en cine no tanto, como es este el caso, a pesar de haber dirigido algo tan notable como la nueva Star Trek. Podríamos recordar Misión: Imposible III, y darnos cuenta de que en el terreno de la elipsis, Abrams es el rey… Por tanto, vamos a llegar rápidamente a la conclusión de que no hay nada nuevo aquí, y todo, absolutamente todo, es conocido de sobra por cualquier espectador aficionado al cine de género.
El desarrollo de la historia es muy bueno durante la primera hora, en la que el guionista y director se centra principalmente en los personajes, en sus relaciones, sus traumas y sus motivaciones, cualquier cosa que obligatoriamente tiene que hacerse para conseguir un buen producto a ojos de la crítica. Por desgracia, esto no es suficiente si se quiere contar una historia con algo de coherencia, y aquí no hay tal cosa. Es más, en el último tercio del film parece que todo deja de importar un comino evitando dar cualquier explicación, reduciendo la trama a una simplicidad sensiblera alarmante, poniendo de manifiesto unas carencias arrolladoras a la hora de intentar plasmar convicentemente cualquier clase de idea en una pantalla.
Y es justo aquí donde está el punto clave que masacra salvajemente la película. Es un punto de inflexión en el que el corte abrupto que puede notar el espectador hace sentir la dilución total de la película. No hay nada más. Super 8 es una película tan vacía, pretenciosa y ridícula que se merece el aprobado raspadísimo sólo porque te mantiene pegado al asiento con la esperanza de que pase algo que merezca la pena. Eso, y unos jóvenes actores competentes son lo único que se salva. Ni siquiera los efectos especiales merecen mención, pues no dejan de ser tan típicos y resultones como los de cualquier producción palomitera del cine de hoy día (por supuesto, con excepciones).
Poco interés tengo en seguir hablando acerca de una película tan decepcionante, engañosa y simple como esta.
Un 5 justo.
Lo mejor: Engancha.
Lo peor: Es cine vacío y pomposo.
