El truco del manco (¿alguien dijo tópicos?)

★★★☆☆ Buena

Normalmente, cuando se intenta representar el rap dentro del cine, se cae en los más manidos clichés, salvo honrosas excepciones, como La Haine (El odio), que curiosamente se aleja del rap, pero presenta el movimiento musical de modo intrínseco, es decir, forma parte del contexto de la historia, pero esta misma no gira en torno a la música de las gorras y los vaqueros anchos, sino que se establece como un componente visual, y puramente musical, de la narración.

 

El debut en la dirección de Santiago A. Zannou, El truco del manco, no evita en ningún momento los lugares comunes, sino que se abastece y se regodea en ellos, estableciéndose como una sonora decepción.

 

El otro día comentaba con un amigo, músico, antes que rapero, que no tiene mucho sentido hacer una película sobre un movimiento musical, a no ser que este basado en el componente histórico del mismo, es decir, una visión sobre la evolución de un género musical, o un biopic de algún artista, pero intentar hacer un film sobre el rap, o sobre el heavy me parece innecesario. Al menos, hasta que alguna cinta, cambie mi opinión.

 

El truco del manco cae en todos los tópicos, habidos y por haber, y en su intención de denuncia/crónica social, cae en los errores que pretende denunciar. Me explico: no vamos a encontrar en el film, nada más allá de la marginalidad. No hace falta sacar cada dos por tres planos de vías del tren, de los suburbios o de drogadictos, para dejar claro que estamos en un ambiente marginal. Es como esos films de Woody Allen, que son acusados de ser una sucesión de postales, salvo que en este caso se documenta la desgracia y la marginalidad.

 

Es tremendamente típico que un film que gira en torno al rap, presente yonkis, maleantes, delincuentes, gitanos, robos, violencia, drogas. Estamos dando la razón a todas aquellas mentes pensantes, que asocian un simple estilo musical, a una suerte de estigma social. Rap: delincuencia, es la idea que parece emerger de la cinta de Zannou. Ya pasó en su momento con el heavy metal (la música del demonio y de los delincuentes juveniles) y pasa ahora con el hip hop.

 

Salva la cinta la interpretación cargada de fuerza de J.M. Montilla, alias “El Langui”, no olvidemos, haciendo un papel muy cercano a sus propias circunstancias vitales, dada su enfermedad. No puede decirse lo mismo de Ovono Candela, con el ceño fruncido durante toda la función, limitándose a poner cara de enfado. Elio Toffana hace de él mismo, supongo, por lo que resulta creíble, a pesar de ser exagerado en su caracterización.

 

Otra oportunidad perdida, para ver un film sobre el rap coherente, para ver un retrato de un barrio de extrarradio decente, o incluso para ver un film sobre música entretenido. Nunca defenderé la inmundicia por la inmundicia, la tristeza por la tristeza, de ahí que no trague a Iñarritu. Acto seguido Zannou, se fue a dirigir un documental sobre la selección española de fútbol….¡venga vamos, no me jodas!

Lo mejor: La interpretación de Montilla (El Langui)
Lo peor: Los secundarios
publicado por Alberto Zamora López el 12 octubre, 2011

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