Nick Cassavetes adapta la novela de Jodi Picoult y la convierte en un pasable melodrama lacrimógeno, que muestra la manera en cómo afecta a una familia que uno de sus miembros sufra una enfermedad terminal como es el cáncer. Narrada de forma alternativa, donde nos expone distintos puntos de vista con voz en off, la historia termina siendo irritante. Un descompensado drama, en donde los buenos momentos predominan frente a los malos momentos.

Cassavetes se aferra a la idea de dramón maniqueísta, cargado de escenas gratuitas y de una emotividad efectista. La sensibilidad, casi inexistente, con la que es tratada la historia provoca en el espectador alguna que otra lagrimilla (producida por el sueño). La previsibilidad en éste tipo de relatos está presente hasta un final esperado. Las destacables interpretaciones merecen ser reconocidas en ésta película que, por mucho que intenta ser, no deja poso.
Lo mejor: Abigail Breslin y su decisión.
Lo peor: El juicio.
publicado por Ángel López Gallego el 5 octubre, 2011

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