¿Qué hace un camaleón como tú en un sitio como éste?

★★★☆☆ Buena

Viendo Rango me di cuenta de lo mucho que me llega a molestar el término “cine familiar” o “cine para todos los públicos”. Uno frente a una película de animación protagonizada por un camaleón perdido en el desierto que juega a ser sheriff (y sin el vocabulario soez de otras películas de animación como podría ser South Park) puede llegar a pensar que se trata de la película ideal para que los padres lleven a sus hijos pequeños a los cines para tenerlos entretenidos hora y media larga. Francamente dudo mucho que Rango sea una película para niños, lo que no quiere decir que los niños no puedan ver la pelí e incluso que algunos de ellos puedan llegar a disfrutarla, pero creo que la mayoría terminarán aburriéndose soberanamente ante las aventuras del camaleón de camisa hawaiana. ¿Y los padres? Los padres sí podrían disfrutar de la película, pero me sorprendería bastante que lo hicieran con su hijo aburriéndose en el asiento de al lado.

Rango está dirigida por Gore Verbinski, el señor que convirtió en estrella de máximo nivel a Johnny Deep, que contribuyó en que Keira Knightley diera el salto a Hollywood, que volvió a poner de moda las películas de aventuras y piratas, y que hizo todavía, si cabe, un poco más rico al estudio Disney. Y todo ello lo logró con las tres primeras entregas de la saga Piratas del Caribe. Además también es el responsable de títulos como su opera prima Un ratoncito duro de roer, la fallida The Mexican, el popular remake americano de The Ring y la infravalorada El hombre del tiempo. Ahora Verbinski cambia totalmente de registro pasándose al spaghetti-western, auténtico motor del film, más allá de que la película esté rodada en animación o con personajes reales, y lo hace con maestría, con una solvencia aplastante y con un sentido del espectáculo francamente envidiable. Y es que justo cuando se podría pensar que después de la mega taquillera saga de piratas el hombre ya podría dormirse cómodamente en los laureles, Verbinski, opta por dar un nuevo paso hacia delante y seguir avanzando. En cuanto a la animación, cabe destacar el buen trabajo de sus responsables, a la altura de los mejores (o sea, Pixar) potenciada por la dinámica dirección de Verbinski y un más que acertado diseño de personajes. Además, como en Hollywood gusta mucho aquello de que actores famosos y de peso pongan voces a los personajes animados, Rango cuenta con Johnny Deep para interpretar al camaleón protagonista.

La película empieza con un coche avanzando a toda velocidad por una larga carretera que cruza el desierto. Debido a uno de esos golpes del destino, un terrario que iba dentro del coche termina estampándose en la carretera y rompiéndose en mil pedazos. Dentro viajaba Rango, un camaleón doméstico, verborréico, con ínfulas de gran actor y que viste con camisa floreada, que de pronto se encontrará solo y perdido en medio de la gran inmensidad del desierto, andando bajo un sol abrazador y amenazado por enormes aves con ganas de papeo. Finalmente Rango llegará a un pequeño pueblecito perdido en medio del desierto y con estética de far-west, poblado por reptiles de todo tipo. Será la ocasión para que Rango pueda usar sus dotes interpretativas haciéndose pasar por un rudo pistolero a quien no le tiembla el pulso a la hora de apretar el gatillo. Lógicamente tal actuación llevará a nuestro protagonista a un sinfín de divertidos equívocos, hasta terminar convertido en el sheriff del lugar. Su primera misión como autoridad será la de averiguar qué está ocurriendo con el agua del pueblo, cada vez más escasa y difícil de conseguir. Nótese que aquí, como quien no quiere la cosa, ya nos han metido un subfondo ecologista y todas esas cosas.

Rango es una película a ratos muy divertida, a ratos muy vibrante y a ratos de lo más fascinante. Pero a ratos, porque el gran problema de la película termina siendo su irregularidad. La primera media hora de película es simplemente sensacional, brutal y aplastante, logrando en más de una ocasión arrancarme una sonora carcajada, con un personaje principal que decide emprender un viaje para encontrarse a sí mismo y averiguar quien es en realidad (todo muy en plan de colocón de peyote por el desierto) pero que no puede evitar meterse en todos los líos imaginables con una pasmosa facilidad en meter una y otra vez la pata. Todo muy divertido, todo muy bien, y con unas constantes referencias al género del spaghetti-western que harán las delicias de los entendidos en la materia, entre otros guiños cinematográficos (como aquel en que nuestro camaleón protagonista se cruza en el camino de un coche descapotable en el que viajan dos tipos raros y medio colocados, presumiblemente, camino a Las Vegas). Pero llega un momento en que la película empieza a decaer, no aguanta el ritmo del principio y, a pesar de que no es algo tan alarmante como en otros films, si que resulta evidente y duele, más si cabe, después del espectacular arranque que acabábamos de presenciar. Hacia el final la trama logra volver a remontar el vuelo, aunque en su global la sensación es de que quince minutos menos no le hubiera hecho ningún mal a esta, a pesar de todo, gran película.

publicado por Jefe Dreyfus el 4 octubre, 2011

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