¿Solo me lo parece a mi o los reboot, las precuelas y las nuevas revisiones de franquicias desgastadas en taquilla cada vez tardan menos en aparecer en relación con sus originales? Tan solo han pasado cinco años desde que se diera por finalizada la trilogía original de los X-Men con su llamada “La decisión final”, una trilogía que empezó de forma brillante con las dos primeras entregas dirigidas por Bryan Singer y que posteriormente se encargaron de tirar por la borda todo el trabajo bien hecho con la tercera entrega y posterior spin-off de Lobezno. Y todavía con el cadáver caliente, cómo se suele decir, han intentado reflotar una franquicia y unos personajes que parecían difícilmente recuperables con una arriesgada vuelta de tuerca, en forma de precuela de la trilogía original, recuperando algunos de los personajes más significativos de la saga. Pocas esperanzas había depositado, en su momento, en la primera entrega dirigida por Singer y me tuve que tragar mis palabras. Menos todavía me esperaba de esta “Primera Generación”, que me olía a intento a la desesperada por repartir dividendos y, una vez más, mis dotes adivinatorias vuelven a quedar en evidencia, resultando ser, finalmente, esta nueva entrega, incluso superior a la primera de las películas de la saga original.

El primero de los grandes aciertos de esta “Primera Generación”, ha sido trasladar la acción hasta la década de los años ’60, con una ambientación que podría recordar las primeras películas de la saga James Bond, y que consigue llenar la pantalla de un tono de divertida frivolidad durante buena parte de su metraje (cómo la escena del grupo de chicas en ropa interior entrando en la sala de fiestas, que parece sacada de la primera Casino Royale), de cultura pop y de minifaldas. Si amigos, a eso le llamo yo un punto a favor. El otro gran acierto de la película es haber usado un suceso real como es el de la crisis de los misiles de Cuba, que estuvo a punto de provocar la tercera guerra mundial entre las potencias de Estados Unidos y la Unión Soviética, y colocar allí en medio a nuestro grupo de mutantes, insertados dentro de la historia de la humanidad como si realmente ellos hubieran intervenido en lo sucedido y actualmente todavía se encontraran entre nosotros.

Los protagonistas de esta nueva entrega son Charles Xavier y Erik Lehnsherr, antes de convertirse en el profesor X y Magneto, respectivamente, dos poderosos mutantes que por aquel entonces todavía estaban aprendiendo a controlar sus poderes, quienes a pesar de tener visiones distintas de la relación entre humanos y mutantes deberán unir esfuerzos para lograr luchar contra un enemigo común, Sebastian Shaw, un mutante, como ellos, capaz de absorber energía, quien, con la ayuda de unos esbirros poco dados al diálogo, intentará desencadenar una guerra nuclear que acabe con la vida humana y deje un mundo limpio para que los mutantes puedan tomar el control del planeta. Shaw está convencido de que ellos son el siguiente salto evolutivo y que, por tanto, los humanos deben desaparecer, lo que sucede es que el tipo intentará acelerar un poco los acontecimientos. Charles y Erik, bajo la tutela del gobierno norteamericano y de la CIA, empezarán a reclutar jóvenes mutantes con asombrosos poderes para poder entrenarlos y lograr que puedan exprimir al máximo todo su potencial. Pero, como ya les comentaba anteriormente, esto es una precuela de la saga original, así que ya sabrán que tarde o temprano Erik deberá romper su alianza con Charles para convertirse en Darth Vader… digo, Magneto.

Tres habían sido, hasta el momento, las películas dirigidas por Matthew Vaughn, el thriller Layer Cake, la de aventuras fantásticas Stardust y su primera y acertada aproximación al mundo de los superhéroes, Kick Ass. Junto con X-Men, Primera generación, se confirma una carrera ascendente e interesante como pocas en estos momentos, representando un soplo de aire fresco digno de tener muy en cuenta. Entre los actores encontramos a un buen James McAvoy (Expiación, Wanted) como Xavier y a Michael Fassbender (Malditos bastardos, Centurión), como Erik, quien demuestra tener un fuerte “magnetismo” con la cámara (pueden insultarme si lo desean). Como malo oficial tenemos ni más ni menos que a Kevin Bacon quien cumple la lógica de que una buena película debe tener un buen malvado. Además, en el film, también podrán encontrar a la explosiva January Jones (de la serie Mad Men), el habitual secundario Oliver Platt (2012, El desafío: Frost contra Nixon) y la joven promesa Jennifer Lawrence (Winter’s Bone), entre muchos otros.

X-Men. Primera generación ofrece al espectador todo lo que éste puede esperar y un poquito más. La película tiene acción, con un ritmo trepidante; tiene superhéroes, con unos grandes efectos especiales; tiene humor, pequeños toques esparcidos a lo largo del metraje; tiene buenos actores, especialmente sus dos protagonistas y el malo; y, sobretodo, tiene un buen guión que se va tejiendo poco a poco, en unos comienzos contenidos, para desbordarse cuando la acción lo requiere. Un buen guión que termina resultando la clave para diferenciar a este producto de otros similares con superhéroes como protagonistas que, lamentablemente, olvidaron situar a sus personajes dentro de una buena historia que resultara atrayente para el espectador, como si con la simple presencia del personaje principal ya se amortizara la entrada a los cines. La primera hora y cuarto de esta nueva entrega de los X-Men es francamente atrayente y estimulante y consiguió tenerme atrapado por completo. Personalmente le hubiera quitado unos diez minutos de duración, porque la recta final se mi hizo un poco larga, pero aún así el gusto de boca que te deja la película, una vez finalizada, es muy positivo. A pesar de todo no hubiera estado tampoco de más haber desarrollado un poco mejor alguno de los personajes secundarios (especialmente los del bando malvado) porque es que algunos no tienen ni siquiera una triste linea de guión, y al final uno no entiende para que quieres meter tanto personaje si al final no les terminas dando cancha.

publicado por Jefe Dreyfus el 4 octubre, 2011

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