La música y la barbarie se funden en un armonioso retrato del gueto judío, dotado de una refinada hermosura y crudeza.

★★★★☆ Muy Buena

El holocausto nazi fue representado de manera atroz, estremecedora, sublime, por un maestro de la comunicación narrativa como es Spielberg. Una obra, narrada con maestría, de inmensurable poderío y realismo visual. Polanski tuvo la oportunidad de dirigir esa impresionante historia sobre el exterminio de los judíos, pero la rechazó.

Ahora, nueve años más tarde, se atreve a realizar esta fascinante obra sobre la invasión alemana en 1939 de Varsovia. Para ello se basa en una autobiografía de Wladyslaw Szpilman, un pianista judío que se vio obligado a exiliar junto a su familia. La música y la barbarie se funden en un armonioso retrato del gueto judío, dotado de una refinada hermosura y crudeza. En esa especie de corral, infrahumano e indecente, los judíos eran tratados como a ganado, se les encerraba en cuantía y se les marcaba con su símbolo religioso. Aquellos que no obedecían las órdenes eran ejecutados. La maravillosa narración de Polanski, nos introduce de lleno en la vida de un hombre bohemio que no parece pertenecer a ese asolado mundo. Adrien Brody se pone en la piel de ese hombre con una laboriosa y absorbente interpretación que te deja impresionado. La búsqueda de un refugio en la más recóndita clandestinidad, alejado de esos míseros lugares que son los guetos. Donde escasea la comida, el agua y donde las enfermedades se manifiestan con el más mínimo síntoma de debilidad. Las primeras sublevaciones judías se dieron como muestra de una muerte digna, antes de morir fusilados por un soldado nazi. Una escena que resume las consecuencias de la guerra alemana en una sola imagen, es en la que Szpilman camina entre los escombros de una ciudad completamente arrasada y desierta. Otra escena de indudable interés, por su extraordinaria capacidad de asombro y de persuasión, es en la que el pianista toca ante la imponente presencia de un soldado alemán. Pero mi preferida, por su comicidad implícita, es en la que Szpilman es confundido por un soldado alemán. Sin duda Polanski realiza su mejor obra, de indispensable visualización. Excelente banda sonora de Wojciech Kilar.
publicado por Ángel López Gallego el 25 agosto, 2011

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