Rob Reiner dirige éste convencional y típico drama con gran acierto con los intérpretes. El contraste entre los protagonistas es el punto fuerte de un filme que resulta ser una historia infinitamente vista. Edward Cole es una persona guasona, borde, vacilona, sin ataduras ni responsabilidades, tiene mucho dinero y está solo. En cambio, Carter Chambers es humilde, inteligente, tiene una esposa, tres hijos y un buen puñado de nietos que le quieren, cree en la fe y en el destino.
Puede que el guión de Justin Zackham peque de sensibilidad, emotividad y abuse de tópicos, pero el resultado es agradable y bastante previsible. Los diálogos están cargados de un humor cotidiano, impasible frente a los temas que trata el filme: la vida, la muerte, la vejez, la amistad. También la música de Marc Shaiman peca de ser demasiado melodramática y emotiva. En fin, un filme que se deja ver otra vez.
Lo mejor: Jack Nicholson y Morgan Freeman.
Lo peor: Que se acomoda en el convencionalismo.
