Pero su mayor virtud es que logra su objetivo. Contemplar el retorno a los orígenes de la civilización, ver al ser humano sumido en lo más profundo de la depravación, la condición y la indignidad y vislumbrar la facilidad con que estamos dispuestos a saquear y violar nuestros derechos más preciados para sobrevivir. Fernando Meirelles nos encierra en una habitación completamente a oscuras en la que no se tantea la metáfora.
Lo mejor: Su apabullante inicio.
Lo peor: Un relato que a veces resulta redundante.
